Era la crónica de una muerte anunciada. Muchos era los rumores de divorcio entre Luis Enrique y Lionel Messi, pero todo se confirmó el pasado 2 de enero.
Todo apunta que los roces empezaron cuando Luis Enrique, nada más ponerse al frente del equipo, afirmó en rueda de prensa que él era el líder del equipo. Poco le gustaron esas palabras al argentino y a algunos de sus compañeros, sorprendidos por las declaraciones del recién llegado. El vaso, lejos de vaciarse, empezaba a llenarse, y más cuando otra vez el entrenador blaugrana decidió tocar a uno de los mejores amigos de Messi, Pepe Costa, pidiendo a la directiva que le apartasen del equipo. Las decisiones tácticas de dejar a Xavi en el banquillo en los primeros partidos de Liga también favorecieron que se agotara poco a poco la paciencia del argentino. Los roces entre los dos fueron constantes y, como se conoció después, dejaron de dirigirse la palabra cuando el Barça perdió contra el Celta de Vigo y Messi recriminó a éste no haber puesto a los jugadores adecuados.
El detonante se produjo el pasado 2 de enero, fecha en la que Neymar Jr. y Messi se incorporaban a los entrenamientos después de las vacaciones navideñas (se incorporaron días después que el resto de los compañeros), pero lejos de ser un bálsamo de aceite esa deferencia que tuvo Luis Enrique con los cracks azulgranas, fue echar una cerilla a un bidón de gasolina. Era la sesión preparatoria del partido ante la Real Sociedad, en la que se encontraban familiares y amigos de los integrantes blaugranas; en el partidillo Messi recriminó a Luis Enrique, que ejercía de árbitro, que no había pitado una falta clara. Cuando terminó el partidillo, Messi buscó a Luis Enrique, volviéndole a recriminar que no había pitado bien; fue en ese momento cuando los dos se encararon, se insultaron y amenazaron. Llegó hasta tal punto la tensión entre ambos que tuvieron que separarles, siendo Neymar el que se llevó a Messi al vestuario. Pero este no fue más que el primer round. Llegó el domingo y la Liga regresaba, el Barça visitaba Anoeta y Luis Enrique decidió dejar en el banquillo a Messi, no fue hasta la segunda parte cuando salió a jugar. El Barça perdió el partido y en el vestuario otra vez se enzarzaron, llegó a acudir hasta el psicólogo del club, pero Messi no entraba en razón y también tuvo enganchada con este último.
Y así se llegó a la que puede ser una de las semanas más frenéticas en el club culé, empezando por el lunes, el Barça tenía entrenamiento a puertas abiertas y, según cuentan diferentes medios, a media hora de empezar el entreno, Messi no había llegado. Luis Enrique pidió a Pepe Costa que lo llamase, pero este no contestó, también intentaron contactar con Antonella, pareja del argentino, con el mismo resultado. Luis Enrique explotó y fueron Iniesta y Xavi los que convencieron al asturiano para no sancionar gravemente a Messi. El club decidió publicar un parte médico con la baja del argentino, una gastroenteritis por motivo. Ese mismo día, el argentino empezó a seguir en su cuenta de Instragram al Chelsea y llegaron lo rumores de las supuestas llamadas de Mourinho a Jorge Messi, padre de Lionel. Para completar la semana, llegó la destitución fulminante de Zubizarreta como director deportivo, la marcha de Carles Puyol y por último la convocatoria de elecciones anticipadas por parte de Bartomeu.
Pero no sería hasta el jueves, en el partido de Copa del Rey contra el Elche, cuando la afición azulgrana dictase sentencia sobre este asunto, y al igual que ocurrió en el partido, ganó Messi por goleada. Los pocos aficionados que aclamaron a Luis Enrique fueron contestados con pitos. Sin embargo, el apoyo a Messi fue unánime, este les respondió marcando un gol y celebrándolo con toda esa gente que le muestra en cada partido su apoyo incondicional. Luis Enrique está claro que no cuenta con el apoyo de los aficionados ni de la directiva.
En estos años ha quedado claro que luchar contra Messi es una batalla
perdida. Ibra, Eto´o, Villa o Bojan han sufrido la ira del argentino. Messi
sabe que es el referente blaugrana e ir contra él es una inmolación segura. La
messidependencia es evidente, tanto en el vestuario, ya que cuando Messi baja
el rendimiento el equipo lo nota, como con los aficionados, que siguen
perdonando todo. Hoy por hoy parece una utopía que un entrenador o
directiva pueda ir contra él, porque quien tiene el agrado de los aficionaos
culés es el que tiene el poder y ese, hoy en día, es Lionel Messi.

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