Por Raúl S. Saura
Messi disputa un balón al portero del Atlético / AFP
Asistían FC Barcelona y Atlético de Madrid al encuentro liguero en el Camp Nou con sentimientos encontrados. Los culés venían de una semana caótica de discusiones, despidos, elecciones anticipadas y crecientes tensiones en el vestuario. Varios medios insistían en que, de no ganar, Luis Enrique perdería su puesto y que al presidente Bartomeu no le temblaría la mano como con Zubizarreta. Tiene en mente introducir caras nuevas en la institución de cara a los comicios y suena el nombre de Óscar García para sustituir al vasco... o al asturiano.
Los hombres del Cholo Simeone, por el otro lado, llegaban en su mejor momento del año con la confianza recuperada, los resultados acompañando, un Griezmann inspirado, un Torres regresado y una reciente victoria ante el Madrid. El técnico argentino alineó ante los culés un once formado por Moyá; Juanfran, Giménez, Godín, Gámez; Gabi, Tiago, Koke, Arda; Griezman y Mandzukic. Sin sorpresas.
Por parte del iron man el resultado, como siempre, era imposible de predecir. Para la ocasión desempolvó lo más parecido a un once de gala, al que los aficionados le exigían desde hacía mucho tiempo: Bravo; Alves, Piqué, Mascherano, Jordi Alba; Busquets, Rakitic, Iniesta; Messi, Luis Suárez y Neymar. Todo su arsenal, algo inédito a mediados de enero.
El ambiente plebiscitario se reanudaba en el estadio con una afición de nuevo entregada a Leo Messi, a la postre mejor jugador de la noche. De aquel encuentro entre segundo y tercer clasificados de la Liga BBVA podrían salir goles o dimisiones. El técnico blaugrana ya había declarado en rueda de prensa que el día que apreciara que sus jugadores no le seguían, se marcharía. Desconocemos qué se le pasó por la cabeza anoche pero sus supuestos pupilos demostraron saber jugar como en los tiempos de antaño, supieron maravillar y sentenciar el encuentro ellos solitos con una entrega fruto del cónclave del día anterior en el vestuario. Los pesos grandes y la máxima estrella decidieron (y consecuentemente entrenaron media hora más tarde de lo previsto) valerse por sí mismos y demostrar su valía y su orgullo ante un entrenador que, a fuerza de no comunicarse con ellos, es considerado entre ellos como mezquino, estúpido e incompetente. De tal manera, el despliegue de recursos con el que maravillaron a la grada no sólo fue un mensaje de paz a la afición, también una señal al entrenador de que la autogestión les parece una opción válida antes que sus caprichos de última hora.
Apoyados en un tridente soberbio, los azulgranas no dejaron respirar a los visitantes en ningún momento. Como en busca de una venganza por los seis últimos partidos sin ganar, como decididos a sacarse los fantasmas de encima, los locales jugaron como hacía tiempo que no lo hacían. El tridente ofensivo mordía a la pérdida de balón, el centro del campo acaparó las zonas centrales y la defensa no flaqueó, impulsada por un gran Piqué. El líder de la noche, Messi, se adueñó de encuentro, de los suyos y de los rojiblancos ante un Atlético venido a menos. El argentino tuvo por primera víctima a un Gámez sobrepasado por las circunstancias y por última a un meritorio Moyá, el mejor de su equipo, pasando por toda la defensa que nunca estuvo al nivel que exigía el encuentro. Parecía que al 10 azulgrana le aligerara la ausencia de Courtois, que quisiera demostrar quién era, el referente del equipo por su juego y no por sus palabras. Y lo demostró. Jugando de nuevo de enlace, el mejor sin ser egoísta, no olvidó jamás a sus compañeros quienes, de nuevo, se posicionaron junto a él. Y así llegaría el primer gol, de sus botas tras zafarse de Godín y pasar a un torpe Suárez que cedió el esférico para Neymar para estrenar el marcador.
Poco tardaría el segundo en llegar, esta vez con otra de las perlas del ataque azulgrana, con un enrachado Suárez que alcanzó su quinto tanto con el Barcelona a la media hora. Leo Messi se arrancó controlando el balón con el brazo sin que Undiano Mallenco, a apenas dos metros de la jugada, pitase nada. Sin ninguna señalización tampoco del asistente, la estrella avanzó hacia el territorio del cancerbero colchonero hasta filtrar al charrúa, quien remató gustoso. El Barça estaba siendo un vendaval sobre el terreno de juego y los hombres de Simeone no encontraban manera de frenar aquella maquinaria febril. Sólo recurrieron al juego sucio, a las faltas para frenar la fluidez de los blaugranas que disfrutaban del esférico sin contestación. Así, con la colaboración de un árbitro pésimo, a los veinte minutos los madrileños ya habían ejecutado cuatro faltas de suma gravedad, tres a Messi y una a Neymar que debió cambiar las medias por la sangre. No fue hasta entonces cuando Mallenco mostró tarjeta, a Gámez en el 20' y después a Mandzukic en el 32'. Los rojiblancos verían hasta cuatro amarillas más en la segunda mitad (tres los azulgranas) en una noche que podría haber acabado de manera aún más turbia. En cualquier caso, de la superioridad local no se guardaba ninguna duda y llegó el descanso con un cómodo 2-0 para unos jugadores que habían recuperado la sonrisa.
La siguiente mitad sería la de la respuesta de los vigentes campeones de la Liga, quienes disfrutaron de unos segundos 45 minutos mucho más placenteros para ellos que los anteriores. Al igual que al principio del partido, saldrían con garra e intensidad solo que esta vez no la perdieron y dificultaron a sus rivales alcanzar la portería con tanta facilidad como antes. Recompuestos, iniciaron un intento de caza cuando el croata Mandzukic marcó para los suyos de penalti tras una cuestionable falta de Meei sobre Gámez en el área. Cuestionable cuando al poco se vivió una situación parecida en la otra y no actuó un colegiado más dado a sacar tarjetas por las escasas protestas que por las numerosas patadas. Pese a esta complicación, pese al arreón atlético y a la entrada en el terreno de juego del antiguo verdugo Torres, la noche no se emborronó finalmente para unos jugadores brillantes quienes, cuando las dudas afloraron, asistieron al tercer tanto, el del líder del equipo, para segar toda duda. Aunque fuera en el 87', llegó la tranquilidad para el mejor Barcelona de la temporada que patentó su potencial ante el peor Atlético del año, probablemente agotado después del compromiso copero.
De esta manera, los visitantes parten a casa para asegurar su progreso en la Copa del Rey y los azulgranas se colocan a solo un punto del Real Madrid, si bien con un partido más. Sobre el campo resolvieron las dudas surgidas los últimos días y tranquilizaron en su medida la mayor crisis deportiva e institucional del club en una década con el mayor partido del año. Los blaugranas supieron alzarse, queda la duda de si continuarán por el mismo camino. De lo que no hay ninguna duda es de que hablaron bien claro al entrenador y le dijeron de lo que son capaces cuando se cuenta con ellos y juegan quienes deben de jugar cuanto deben de jugar. Bien hará Luis Enrique (cuyo crédito obtenido es temporal) en repetir el mismo once.
Luis Suárez, Messi y Neymar celebra un gol al Atlético. / ALBERT GEA (REUTERS)
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