Pocas oportunidades tiene la afición futbolera de vislumbrar una Liga aún disputada en la última jornada. Se vivió hace dos años en Inglaterra entre los dos equipos de Manchester: United y City, y en nuestro país hace veinte años. Las derrotas blancas en Tenerife, el penalti de Djukic... determinaron un título liguero en juego hasta el último momento y, por ello, aún son recordados. Porque una final de Liga no es igual a una de Copa o de Champions; las finales domésticas no están pensadas ni concebidas para producirse a priori. Este torneo consiste en demostrar la regularidad, el equilibrio de cada equipo y, normalmente, da tiempo a que uno se demuestre mejor en esto antes del cierre. Pero este año no ha sido así.
Este año, por primera vez en mucho tiempo, hemos visto tres serios candidatos a llevarse el codiciado trofeo: Barcelona, Atlético y Real Madrid. El año pasado, por ejemplo, sólo hubo uno y, consecuentemente, este año la Liga BBVA ha vuelto a considerarse la mejor del mundo por méritos propios. Los blancos entregaron todas sus opciones la semana pasada ante el Celta de Luis Enrique y, desde entonces, a los rojiblancos y los blaugranas sólo les diferencia tres puntos. Además, para rematarlo todo, los astros decidieron que se enfrentaran en la última jornada. En el Camp Nou. Que determinen la competición hasta la última gota de sudor y los aficionados lo agradecimos de todo corazón.
A los hombres del Cholo les bastaba con un empate o la victoria para conseguir el título por el que tanto han trabajado esta temporada, mientras que a los culés sólo les quedaba ganar, ganar y volver a ganar después de unos partidos bastante planos tras la final de Copa ante el Real Madrid. En el seguramente último partido de Gerardo Martino como técnico azulgrana (como confirmaría en la rueda de prensa posterior), tocaba disputar toda una final de Liga en casa ante el rival con mayor personalidad de todos, ante el mejor equipo de Europa este año.
Ya las alineaciones no dejaron indiferente a nadie, con Villa acompañando a Diego Costa como atacante visitante y Xavi en el banquillo en favor de Cesc Fàbregas. Probaturas y apuestas personales de los entrenadores en la gran final. Sin Valdés, despidiendo a Puyol, con la duda del renovado Messi (por 20 millones y derechos de imagen) y el Atlético, en principio, en mejor estado de forma, el Barcelona debía remar contracorriente para alzar un título con pocas probabilidades. Con la expectación y los nervios de todo el mundo, el esférico comenzó a correr sobre el césped del Camp Nou.
"Las Ligas no se merecen, se ganan" había dicho Gabi, capitán rojiblanco, antes del encuentro. Y con toda la razón del mundo, porque los suyos no sólo hicieron historia al conquistar el título doméstico 18 años después, no sólo la ganaron con sufrimiento en el Camp Nou, sino que la merecieron. Por su regularidad, por su garra, sus ganas y su personalidad. Por su épica, porque tuvieron su épica. En los primeros compases del encuentro, en los que ambos equipos demostraron querer llevarse el título y querer hacerlo con el balón, las escasas ocasiones de unos y otros no empañaron el gran despliegue y pretensiones de los dos combinados, representantes de concepciones distintas, que no irreversiblemente enfrentadas, del fútbol.
Intrépido e intenso se demostraría el encontronazo de trenes desde el primer momento, con Piqué viendo tarjeta en el minuto 4 y los dos combinados probando sus opciones siempre sin dejar excesivos espacios atrás. Pero la tragedia llegó pronto al terreno de juego, en el minuto 15, en plena tensión sin cuartel entre unos y otros, Costa cayó al suelo y hubo de ser cambiado ipso facto por Adrián. El hispanobrasileño, con riesgo de no poder disputar la final de Lisboa o incluso el Mundial este verano, lloró desconsolado en el banquillo mientras su equipo se hacía a la idea de no poder contar con el gran goleador. Menos de 10 minutos después, el reciente fichaje de la Roja se vio acompañado del compañero Arda Turan, el mago turco, quien tampoco acabaría el encuentro tras un choque con Fàbregas. Raúl García entró en su lugar, los rojiblancos con dos contratiempos seguidos jugándose una final y otra a la semana siguiente ante el mayor enemigo. Procuró el combinado del Manzanares no venirse abajo en la nueva situación, pero Alexis en el 34' arrancó muchas de sus esperanzas con un gol tan fantástico como difícil. Casi sin ángulo y desde la derecha, el chileno de Atacama, que lanzó un zambombazo que se alojó con furia por toda la escuadra ante un sorprendido Courtois. El Barcelona, campeón de la Liga 2013/2014 por el momento. Los nervios rojiblancos, disparados y más con las consecutivas tarjetas de Godín y Tiago. El Barça parecía tenerlo todo de cara y el Atlético, con un mundo en su contra. Por eso esta competición la recordarán por mucho tiempo.
Los culés, dueños y señores del partido, impusieron su ritmo y su juego mientras pretendían dinamitar la mejor defensa de Europa. Poco les faltó mientras los visitantes se recomponían como podían. Sin más de unos u otros, llegó el descanso en un encuentro de alto voltaje. Mientras los jugadores descansaban, supimos de las lesiones de Costa y Arda Turan. El primero, aquejado de una lesión en el músculo isquiotibial en la cara posterior de su muslo derecho; el turco, padecía de un traumatismo en la cresta iliaca derecha. Peligra su presencia en Lisboa a las nueve de la noche del sábado.
Se reanudó la segunda parte, con la cara totalmente cambiada con respecto a la anterior. Busquets y Messi serían sancionados con sendas tarjetas amarillas y, nada más comenzar, Villa envió un balón al palo que presagiaba mucho. Y tanto, porque en el 51' los rojiblancos alcanzaron las tablas definitivas en el marcador de la mano de Godín y un cabezazo portentoso, con capacidad para alcanzar la misma mitología que el de Miranda. Salido directamente de la pizarra del Mono Burgos. De nuevo, los culés hicieron aguas a balón parado. Al poco, Busquets hubo de ser sustituido por Song, lesionado. Las tornas cambiaron y los hombres del Cholo no permitieron ya que volvieran a voltearse. Ante el pánico local, el Tata decidió jugar su última carta y entró el hasta hace poco lesionado Neymar por Pedro en el 62'. El brasileño, el único jugador culé que sabe lo que es marcar al Atleti por partida doble esta temporada. La desesperación crecía, cerca ya el final del encuentro, pero la afición culé, fenomenal en todo momento, apoyó a los suyos con decisión. Y los jugadores debieron de responder a este cántico de ánimo, porque vinieron sus mejores momentos con un acoso y derribo portentoso contra la portería rival. Pero, faltos de ideas, no pudieron encontrar ninguna rendija en la rocosa defensa planeada por Simeone. Martino no pudo ni supo leer el encuentro y Messi continuó desaparecido, sin intenciones de celebrar su nuevo contrato. Con ánimo de lucro, mucho.
Los interminables minutos terminaron por acabarse y, finalmente, nada pudo hacerse por revertir la situación. Un solo gol hubiera devuelto el título a los azulgranas, el quinto en seis años, pero no pudieron porque se las vieron ante un equipo mejor que ellos, que jugó, ganó (con un empate traducible en victoria) y mereció. Terminado el tiempo, reglamentario y añadido, los colchoneros lograron una gesta de proporciones épicas. En territorio hostil, frente a un rival de leyenda, con ausentes de última hora y un presupuesto a su disposición muy reducido, pasaron por encima limpiamente de los todopoderosos Madrid y Barça a lo largo y ancho de la temporada. Con un fútbol adaptado a las circunstancias y una acertada mentalidad de partido a partido, han llegado en su travesía más lejos de lo que nadie hubiera esperado: 4 títulos en 2 años, a falta de disputar la final de la UEFA Champions League ante el Real Madrid. Se dejaron el alma y obtuvieron su recompensa, además de que continúan sin encontrar su techo, si acaso lo tienen. Sobreponiéndose a los contratiempos, pueden hacer historia como ya comenzaron a hacer en la Europa League ante el Athletic de Bielsa. Enhorabuena de todo corazón de parte del mundo culé, sabedor de la necesidad de este equipo para romper el binomio Barça-Madrid, tan aburrido y repetitivo.
En cuanto a los culés, culmina una temporada nagera y llena de desesperanzas y desilusiones, con varios errores, fallos y escasos aciertos. Toca, como apuntaron varios jugadores al final del encuentro, hacer una profunda revisión de plantilla, fichajes y planteamientos, en aras de salir en un naufragio en el que ya están demasiado metidos como para negarlo. Song, Alves, Mascherano, Xavi, Pinto y Alexis podrían acompañar a Puyol y Valdés a la salida del club. Pero sobre ello hablaremos largo y tendido estos días. Ahora toca reconocer al Atlético de Madrid por haber ganado la que se recordará como La Liga de la final en el Camp Nou.
Toca pensar y reflexionar, toca cambio y, desde este blog, explicarlo hasta el más mínimo detalle.
¡Que comience la revolución!
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