domingo, 18 de mayo de 2014

Así fue el Barça 2013/14 I: El fracaso del Tata Martino (por Raúl S. Saura)

Gerardo Martino (marzo de 2014).jpg

 El 19 de julio de 2013, a falta de un mes para el comienzo de la nueva temporada cargada de novedades y esperanzas, tras la conquista de la Liga de los records y el fichaje de Neymar, Tito Vilanova anunciaba su renuncia como entrenador del FC Barcelona. El cáncer había vuelto, como ocurriera a mediados del año anterior y el de Bellcaire se decidió por abandonar el club, ya que su salud no podría permitirle centrarse al máximo en un puesto tan incómodo como el banquillo de un grande de Europa. Era preferible echarse a un lado y luchar día a día contra la enfermedad, con esperanzas de superarla. Por desgracia, no fue así.
Consecuentemente, el club procedió a buscar un sustituto de garantías para el técnico y diversos nombres surgieron a la palestra. Valverde sonó con fuerza esos meses como opción B de Zubizarreta en caso de recaída de Vilanova, pero el txingurri no partió de Bilbao, adonde acababa de llegar procedente de Valencia. Villas-Boas, el joven entrenador portugués del Tottenham, también fue considerado, pero por aquel entonces tenía por encargo liderar un nuevo proyecto en el club londinense: con el dinero de la venta de Bale al Madrid compraron a Soldado, Lamela, Capoue... para terminar despidiendo a André a mediados de temporada. Luis Enrique, como viene siendo habitual últimamente, también tuvo cerca hacerse con el puesto, pero su reciente compromiso con el Celta de Vigo le impidió moverse. Además, todavía despertaba ciertas dudas en la directiva.
Ante la ausencia de firmes candidatos al banquillo blaugrana, un nombre fue propuesto por Jorge Messi y refrendado por su hijo: el de Gerardo "Tata" Martino, natural de Rosario, como ellos y gran admirador del astro argentino. El nombre era vagamente conocido como el seleccionador de Paraguay en el Mundial de Sudáfrica 2010, que llegó hasta los cuartos de final, cuando lo apeó la Roja. Estudiándolo, Zubizarreta y el todavía presidente Rosell hallaron que llegó a ganar el Torneo Final 2013 con Newell's y disputar las semifinales de la Copa Libertadores de ese mismo año. Además, se trataba de un discípulo aventajado de Marcelo Bielsa, el "Loco" Bielsa, un entrenador conocido por la cúpula culé tras su paso por el Athletic de Bilbao y por el que se sentía una amplia admiración. A falta de nombres mejores y con la presión de la familia Messi, aceptaron entregarle el puesto de técnico culé post Pep/Tito, un cargo nada fácil. Como le tocó sufrir en sus carnes.
Casi desde el principio hubo de contemplar pasmado cómo le criticaban por golear 4-0 al Rayo pero con menor posesión de balón, cómo al hacer un asado se enteraban en la India, cómo Messi desaparecía lesionado constantemente y cuando jugaba, poco o nada aportaba. Cómo le exigían respetar con la solemnidad del purista el estilo del que él se consideraba firme seguidor, pese a no haberlo practicado mucho en etapas anteriores. Pese a quedar dislumbrado por las luces en la noche, este hombre, procedente de un mundo mucho más pequeño y humilde, se metamorfoseaba en un trasunto de Paco Martínez Soria en la ciudad. En los Ángeles versión Blade Runner. Pese a tener que bregar con todos, con unos jugadores reconocidos en todo el mundo, con una directiva que le exigía no sólo que Neymar jugara, sino que marcara tres goles por partido, logró conseguir más que algo en la primera mitad de la temporada. Gracias a un Valdés soberbio, la defensa encajó muchos menos tantos que el equipo del año anterior, reorganizada gracias a su buena labor. El centro del campo, siguió funcionando como la seda pero destacando menos que en años anteriores, y Pedro, Cesc, Alexis e incluso el brasileño de los casi 100 millones hicieron olvidar al ausente Messi durante dos meses. En este tiempo, el equipo se colocó primero en Liga manteniendo un gran pulso con el Atlético de Madrid, derrotó a los merengues en el Camp Nou y visitó los estadios de Celtic y Milan con mejores resultados que el equipo de Tito Vilanova. Parecía que el Tata estaba haciendo algo bien, pero esta buena tendencia varió más de una vez sin que el rosarino pudiera hacer nada para cambiarlo.
Poco parecía atreverse a corregir y sentar (los gestos con Messi a este respecto se quedaron en simples gestos. Ayer también toco hacerlo y no lo hizo) a grandes estrellas, jugadores a los que él mismo admiraba. Porque, un gran problema este año ha sido que la plantilla ha pasado de tener a un entrenador del que admiraba su inteligencia (Guardiola) o su valentía (Vilanova), a un DT que les admiraba a ellos. El resentimiento de su autoridad, en esta situación, resultó imposible de sortear y no logró que los jugadores siguieran dando lo mejor de sí mismos con la llegada del nuevo año. Las derrotas ligueras frente a Valencia, Real Sociedad y Valladolid llegaron a colocar al equipo culé terceros en la competición, frente a los dos grandes rivales de Madrid, disparando todas las alarmas. Las crisis semanales se sucedieron sin cesar ante la mirada atónita de un hombre que comenzaba a darse cuenta de que se había metido en una maquinaria demasiado grande como para poder abarcarla. Ya había criticado que en Can Barça, si no se era holandés o de la casa, se le cuestionaba desde el principio. Incómodo ante la nueva situación, ante los resultados tan irregulares (pese a seguir en Copa y Champions, imponiéndose sobre equipos como Real Sociedad o Manchester City) y su incapacidad para hacer correr a unos jugadores con la panza llena, ya tomó la decisión de no seguir un año más en el club este febrero. Atrás quedaban su Supercopa de España o sus 7 primeras jornadas ligueras saldadas con victorias, todo cuanto no fuera ganar suponía hacer temblar el suelo bajo sus pies y no pudo manejar la presión.
Consecuentemente, la directiva comenzó a enfriar relaciones con él, así como algunos jugadores del equipo, si bien no públicamente. La prensa ya le daba suficientes palos. Por eso, con rabia y cierta suerte, logró grandes resultados ante Osasuna (7-0) y en el Bernabéu (3-4). El Barcelona imperial de los últimos años parecía volver, a falta de enfrentarse a Atlético de Madrid en cuartos de la Champions League y al Real Madrid en la final de la Copa del Rey. Jugando como en los últimos encuentros, todo parecía posible. Pero Messi volvió a desaparecer tras unas excelentes actuaciones y el equipo no pudo evitar venirse abajo también. El argentino, personificación dentro y fuera del campo del estado de su equipo. Así llegaron la eliminación en el Calderón por 1-0 en todo un baño técnico de Simeone y la derrota en el último minuto (1-2) en Copa frente a los blancos. Entremedias, el equipo se dejó tres puntos valiosísimos ante el Granada en la frenética lucha por la Liga. Dos competiciones y media perdidas en sólo 7 días, las críticas se ensañaron con Martino sin que él pudiera defenderse, ya harto de las exigencias de unos y todos. No se puede tener contento a todo el mundo, como le ha ocurrido a Ancelotti esta misma temporada. 
Por primera vez fuera de las semifinales de la Copa de Europa y perdida una final ante el máximo enemigo, nadie tenía la intención de que el Tata perdurara en el banquillo culé. Él, el que menos después de tantos disgustos en su estancia catalana. Aún más con el empate in extremis frente al Getafe. La Liga parecía irremediablemente perdida. Pero los pinchazos de colchoneros y merengues les volvieron a dar alas, más cuando parecieron ponerse de acuerdo con los rojiblancos para dejarse puntos y cuando el Madrid entregó matemáticamente sus opciones en Balaídos. Con su puesto ya otorgado no oficialmente a Luis Enrique, al Tata le quedaba jugarse la Liga, la temporada y el prestigio ante el equipo que inició su gran decadencia en Can Barça y en el Camp Nou. 
Ciertamente, el equipo no dio mala cara y ofreció guerra hasta el último minuto, pero contaron con la gran desventaja de que a los colchoneros les servía con un empate para llevarse la Liga 18 años después. Anoche disputó su último partido como técnico culé. Sin ninguno de los tres grandes títulos en su haber y sin saber lidiar con una plantilla a la que admiraba pero en la que el sentimiento nunca fue mutuo (siempre despertó mayormente compasión), prepara la maleta para marcharse y no volver. Gerardo nunca estuvo hecho para estas grandes Ligas, su lugar pertenece a Latinoamérica, donde también existe la pasión y la presión, pero a niveles soportables. Ha fracasado en la mayor ocasión de su vida, pero saber que la pesadilla está acabada es su mayor consuelo. Deja atrás una prensa que nunca le trató con ecuanimidad, una plantilla con varios a lo suyo, una directiva cambiante y llena de intrigas con la que nunca se sintió cómodo, y deja atrás un estrés tan malsano como innecesario para este buen hombre cuya intención nunca fue fracasar, sino trabajar. Queda para siempre la duda de qué hubiera ocurrido en caso de que le hubieran dejado.
En cualquier caso, su incapacidad ha destapado la manta del naufragio culé en los últimos años, ha sabido señalar el error sin buscarlo. Ha marcado el camino para la ya conocida como Revolución veraniega, con varias altas y bajas de peso. Adiós, Tata Martino. La ciudad no estaba hecha para ti, descansa de todo el ruido y el humo que te tocó soportar.
P.D.: Este ha sido la primera entrega de mi serie repasando la temporada culé en varios frentes. Tras dedicar la primera a la efímera estancia de Martino entre nosotros, dedicaré en los próximos días otras a Messi, Neymar, la defensa, la directiva... mientras seguiré atento a novedades en el club, que promete aportar noticias importantes en los próximos meses. 

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