jueves, 15 de mayo de 2014

A por la final de Liga despidiendo a Puyol (por Raúl Sánchez Saura)


El liderazgo no es un asunto trivial, es algo que se consigue a pulso. No con esfuerzo y trabajo, porque no hablamos de algo artificial, sino de algo instintivo. "O me sigues o no me sigues; el liderazgo no se puede explicar", dijo Simeone hace poco en una entrevista. Bien lo sabe él, líder natural de este Atlético de Madrid. 
Puyol también es un líder, como ha demostrado a lo largo de su trayectoria. Decidido, honrado, un referente para sus compañeros de vestuario; su carrera supone un icono del barcelonismo y el fútbol en general. Una carrera con grandes momentos para el recuerdo: cuando paró un balón a portería con el escudo del club, su beso al brazalete en el Bernabéu o su gesto con Abidal al permitirle levantar la Champions en Wembley hace tres años. Una muestra de compañerismo recordada el jueves en su despedida oficial rodeado de amigos, directivos e infinidad de personalidades. Porque él puede convocarlas. Un gran jugador que no tiene problemas en corregir a otros cuando cometen actos reprobables (a Alves se le conocen ya dos veces), con el discurso apropiado en el vestuario a la hora de la verdad, la palabra conveniente al lesionado o suplente que lo lleva mal. Un hombre que lo ha dado todo por y para su club, y que como tal se lo reconoce. 
En su comunicado de despedida ha admitido que su rodilla le produce demasiados problemas como para continuar jugando y dándolo todo, algo incuestionable para él. Requiere de un proceso de descanso rodeado de su familia, su hija nacida recientemente y no considera jugar en otro equipo ni sentarse en un banquillo (sonó durante un tiempo la posibilidad de que fuera el segundo de su amigo Luis Enrique a partir de la próxima temporada, algo que ha descartado definitivamente). El capitán debe retirarse después de tanto tiempo de duro trabajo. Mucho merece él y más hablaremos de su despedida, que deja a la plantilla un tanto más confusa, un tanto menos enérgica, por más que el brazalete de capitán que algunos no imaginan en otras manos pase a Xavi e Iniesta, a quienes ha alabado. 
También tuvo palabras para Tito Vilanova y para su actual técnico, el Tata Martino. Y asegura que, por ambos, el Barcelona debe ganar la Liga el próximo sábado en casa (en principio se iba a jugar el domingo, pero la Federación adelantó la fecha hace unos días). Porque el equipo pierde a su capitán de la última década y uno de sus nombres más ilustres, pero la vida sigue y gran parte de ella queda en juego ante el Atlético de Madrid en lo que se ha llamado la final de la Liga. El torneo doméstico puede llevárselo cualquiera de los dos equipos en función del resultado: en caso de empate o victoria rojiblanca, los colchoneros levantarían el trofeo 18 años después. En caso de que los locales se impusieran, la Liga perduraría en manos blaugranas por el goal average. Bien lo sabe Puyol y así lo transmitirá cuando llegue el momento, aunque el de la Pobla ha afirmado que no considera necesario dar ningún discurso. Por sus problemas de rodilla, Carles quizás no estará ni en el banquillo en un momento tan decisivo para el club.
Porque ganar la Liga no sería ganar un título más, sino salvar una temporada donde todo cuanto podría acabar mal ha acabado mal o regular. La obsesión de Rosell por Neymar no ha resultado muy rentable, ni tampoco la apuesta por el Tata Martino, que podría cambiar Barcelona por Málaga este verano. El carioca se mantiene como duda para el partido, al igual que Jordi Alba y Piqué, por lo que los blaugranas contarían con varias bajas de relevancia para el encuentro ante los finalistas de la Champions League de este año. El caso de Neymar resulta especialmente delicado, ya que es el único jugador culé que ha conseguido meterle un gol a los del Manzanares esta temporada, y por partida doble: en la ida de la Supercopa de España en el Calderón y en cuartos de la competición continental en el Camp Nou. Su presencia o ausencia, en vista de estos datos, no resulta moco de pavo. 
Messi, Xavi, Iniesta, Cesc, Busquets, Pedro y Alexis sí llegan a la final de Liga en buenas condiciones, aunque quizás pensando más en el inminente Mundial o en lo que pierden con la marcha de Puyol. Ante el Atlético, el escenario imaginado resulta el de un partido de contención, estático, en el que los visitantes y líderes de la Liga no dejarán espacios atrás para que los culés  los aprovechen. Por tanto, la concentración y garra frente a la organización y rocosa defensa de los del Cholo resulta determinante. Con el Tata quizás dispuesto a dejar buena imagen en su último partido como técnico azulgrana (nadie pone esto en duda), o quizás con ganas de comenzar las vacaciones y dejar atrás el año más estresante en toda su vida, toca confiar en los jugadores. En el centro del campo y su coordinación, en el desmarque y capacidad rompedora de Alexis y Pedro, en el desequilibrio vertical de Fàbregas y en la magia de la Pulga, que, de aparecer, condenaría todo planteamiento rival. En caso de aparecer. 
En una situación tan delicada, de la que los jugadores saldrán hundidos o henchidos de orgullo, el ejemplo del capitán saliente es fundamental. Esfuerzo, trabajo, darlo todo en el terreno de juego como si fuera tu último partido... esos valores deben guiar no sólo al FC Barcelona, sino a cualquier equipo. Porque todos podemos aprender de Puyol, todos le vamos a echar de menos. 

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