lunes, 5 de enero de 2015

Merecida y satisfactoria decapitación, pero insuficiente

Por Raúl S. Saura

 

¿La sanción del TAS? El señor Bartomeu es el que mejor conoce la situación, pues era el vicepresidente deportivo en aquella época.

Los medios apuntan a que estas declaraciones pronunciadas ayer por Andonio Zubizarreta a Canal Plus han denotado la bomba y traído como consecuencia que el presidente del FC Barcelona haya apretado el botón. El director de fútbol de la entidad desde 2010 ha sido despedido en un breve comunicado emitido hace dos horas en una decisión unilateral de Josep Maria Bartomeu

Siempre se ha oteado con lupa la labor del antiguo guardameta del equipo desde que su propio ejecutor lo incorporara al staff como gesto de atención con el intocable Josep Guardiola, favorable a Laporta y Txiki. La gestión del vasco nunca ha escapado a la crítica más descarnada por su ineptitud, lentitud e inmovilismo, por sus largos meses de vacaciones en verano y varias decisiones controvertidas que, amontonadas unas sobre otras, han desembocado en una escalada de la tensión hasta el punto de señalar también a su superior ayer noche tras la bochornosa derrota en Anoeta.

El último verano, marcado por la sanción de la FIFA, ha significado el último clavo en su ataúd institucional, pero la sentencia del TAS y la mala racha del equipo ha imposibilitado a la junta directiva (o sólo al presidente, quien no observará mucha oposición) seguir negando la realidad e indicar con esta decisión la mala labor del antiguo portero de Athletic y Valencia

Bajo las instrucciones de este guiño al mayor entrenador de la historia del Barça, se incorporaron en el verano de 2010 Adriano, David Villa y Javier Mascherano. El primero se amoldó como anillo al dedo al papel de suplente y así continúa a día de hoy; el Guaje decepcionó en su paso por el club, donde sufrió una lesión que marcó el declive de su carrera; el Jefecito demuestra ser el mejor fichaje de los últimos tiempos. Tras el heroico período de Laporta, estas reformas variadas en el once fueron bien recibidas y dieron sus frutos la misma temporada con la consecución de Liga y Champions.

Al año siguiente se incorporaron Alexis Sánchez y el tan añorado Cesc Fàbregas quienes, si bien se demostraron irregulares, también dejaron claro que podrían aportar mucho guiados por una buena mano. Aquella opción se segó cuando Guardiola anunció su dimisión tras una última temporada un tanto decepcionante y unas manifiestas malas relaciones con la directiva. La razón por la cual Zubi había aterrizado en la dirección de fútbol hacía las maletas y aún le quedarían tres veranos más sin razón de ser.

En 2012 llegaron Song y Jordi Alba para reforzar una defensa que comenzaba a padecer el declive de Carles Puyol. La enfermedad no permitió a Tito Vilanova que uno igualara lo que dos habían conseguido y claudicó tras conseguir una Liga de récords y una histórica goleadas ante el Bayern. La defensa seguía siendo un problema, la falta de liderazgo también. Los jugadores mostraban cansancio e incertidumbre sin alguien a quien venerar y, para levantar los ánimos, llegaron el esperado Neymar y un técnico argentino, Tata Martino, de gran prestigio en Sudamérica.

El experimento resultó en una temporada sin títulos y un Ney que no encontró su posición en el campo sin invadir la de Messi. El técnico, abrumado ante la situación y sin valor para corregir a unas estrellas consumadas cuando la directiva tampoco se atrevía a respaldarle, se marchó decepcionado. La crisis, agravada un año tras otro hasta alcanzar niveles insoportables, requería de una solución rápida y contundente, una revolución en el mercado de verano que fuera más allá del refuerzo por línea, sino también a la búsqueda de sustitutos de confianza para referentes como Valdés o Puyi, quien pasaba a ser mano derecha junto con Zubizarreta. 

La visita a Gavá lo dejó todo claro: Luis Enrique Martínez entrenaría al Barcelona la próxima temporada (la presente) y ahora quedaba el registro de las opciones en el mercatto en una operación delicada y apremiada por la sanción de la FIFA que impedía incorporar jugadores a la institución hasta 2016. Con la última opción en el último verano, el club catalán adquirió cuanto debió adquirir durante los años anteriores, lo que la desidia y la cobardía por cambiar el bloque del noi habían impedido. Llegaron refuerzos en portería (Ter Stegen, Bravo) y centro del campo (Rakitic, Rafinha) celebrados, una estrella arriba a la altura de Messi y Neymar (Luis Suárez) y un técnico que había firmado un año sobresaliente con el Celta de Vigo para tomar los mandos de la nave. El problema, de nuevo, provino de la defensa, que, huérfana de su líder y a la espera de que un wakeado Piqué diera el paso adelante que se le suponía, debía confiar en el esfuerzo de un reconvertido y desasistido Mascherano. Los nuevos no solucinaron el problema: a día de hoy, Douglas no convence a nadie, Veramaelen aún no ha debutado y ni se le espera e incluso Mathieu, de mayor caché que los dos sin tirar cohetes, también es criticado. La única esperanza de la línea, Bartra, no despega mientras Alba desatiende atrás y Alves, nuevo rey de la situación, amenaza con irse.

El loco verano de fichajes ha supuesto un colosal proyecto venido abajo, irregular, que ha tropezado una y otra vez ante diversos rivales y ante sí mismo, que ha repetido errores de la era de Martino y no contempla a nadie con la capacidad para darle la vuelta a la tortilla. El entrenador aún no ha demostrado merecer el cargo que ocupa, tampoco Andoni los últimos años. Así, tras la derrota y los ambientes crispados, cargó contra Bartomeu por la sanción y cavó su propia tumba. La nulidad de sus apoyos, la nulidad de sus éxitos y la necesidad de contar con grandes hombres entre los que jamás se contaría revelan que no está capacitado para el cargo ni lo ha estado nunca. Ahora abandona el club (Puyol, también saliente, no ocupará su cargo) culpabilizado del fracaso del equipo, como en el 96. 

Realmente, el despido de Zubizarreta queda retratado ante los testigos como una merecida y satisfactoria decapitación, pero no la única que habría de realizarse. Da igual quién venga de próximo director de fútbol, el club terminará esta temporada y comenzará la siguiente sin rostros frescos, más bien marchas. Los cedidos, la única ventana hacia la novedad. Quedan otros, como Bartomeu, como Luis Enrique, igualmente incompetentes e incapacitados para manejar un equipo digno de respeto. El camino será largo, el del arrastre, hasta poder encontrar unos auténticos líderes, de los que hemos carecido durante tanto tiempo. Vete en paz Zubi, consuélate pensando que ahora otros tienen la opción de superar tu pésima marca.

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