domingo, 23 de noviembre de 2014

La semana que determinará la temporada del Barça

Por Raúl S. Saura

Una vez dejada atrás la posibilidad de un serio virus FIFA, una vez el equipo no ha quedado muy atrás de los líderes blancos en la tabla, una vez Leo Messi se ha instaurado como el máximo artillero en la historia de la Liga española y doblegado el serio desafío ante el organizado Sevilla de Unai Emery, al Barcelona le aguardan otros retos.

Después de la fantástica imagen y del espectáculo mostrados anoche, aupados por el sensacional argentino, los culés han de centrarse en los desafíos por venir y en recuperar una identidad de cara a los mismos para afrontarlos con las máximas garantías. Ahora que la plantilla parece haber vuelto a la senda de los triunfos en base al fútbol, han de terminar de afinar lo que buscan, de tener claras las ideas y saber expresarlas sobre el césped. A la búsqueda de estas señas de identidad se ha debido dedicar el cuerpo técnico del entrenador Luis Enrique, de no ser así están perdidos esta temporada. 

El partido ante el Sevilla en el Camp Nou no era sino el primero de los tres encuentros de esta semana de vital importancia para el conjunto blaugrana. De vital importancia tanto para las competiciones como para el ánimo de los jugadores, perder los condenaría muy seriamente. Pasaron la primera prueba con nota ante unos sevillistas que aspiran arriba en el torneo doméstico, pero el martes han de viajar a Chipre para enfrentarse al APOEL en Champions League. Hay que recordar que después recibirán la visita del PSG, un traspiés puede comprometer seriamente las opciones blaugranas de pasar a la siguiente ronda, lo que sería una vergüenza histórica. Deben ganar sí o sí en un estadio nada favorable a sus intenciones. Pero, si hay un duelo intenso es el domingo, en la próxima jornada. Los culés visitarán la capital del Turia ante un Valencia de Nuno con hechuras de equipo grande. Los ches ya masacraron en 15 minutos prodigiosos a los campeones del Cholo Simeone y el partido no se plantea nada fácil para los del iron man. Como anoche, están obligados a ganar, sea a quien sea, para no quedar descolgados en la competición. Dicho de otra manera, si el Barça pierde los próximos partidos debe ir despidiéndose de Liga y Champions otro año más, y la humillación amenaza con convertirse en un maremoto que arrastre al técnico asturiano y muy probablemente a varios jugadores de la plantilla que esquivaron el de este verano. 

Así, la concentración es importante, y las fuerzas y la resolución. Los encuentros en el horizonte no invitan a la relajación y contar con el máximo número de futbolistas disponibles en las mejores condiciones posibles se convierte en un objetivo primordial. Pero a este equipo ya no le basta con ganar gracias al talento de los jugadores, como ocurrió en Almería gracias a Luis Suárez o contra los del Nervión gracias a Messi. El Barça necesita un entrenador. No uno que lo fíe todo a sus pupilos, sino un líder. Es hora de que Luis Enrique demuestre ser lo que dice ser, después de los fracasos ante PSG, Real Madrid y Celta de Vigo. Se acabaron las reválidas, pocos parecen estar dispuestos a más derrotas tan pronto esta temporada. Es hora de que haga el trabajo que se le encomendó: devolver al Barcelona un fútbol de autor, uno atrevido y vanguardista que implique la intensa participación de los 11 hombres. Intentar emular a Guardiola, titánica tarea. Pero cuando entrena a astros que han superado la titánica tarea de superar a Telmo Zarra, no se le puede pedir menos.

El iron man no debe confiar más en que sus pupilos sentenciarán el encuentro porque eso sólo se consigue por medio de su guía. Es hora de que determine un esquema, una ideas, un concepto de juego y lo ponga en práctica. Cuenta con jugadores como Mascherano, Rafinha, Rakitic y Messi dispuestos a defender su credo, si él está dispuesto a fijar uno. Es hora de que se defina, dé la cara y muestre las cartas, de contar con algunas. De señalar a sus hombres de confianza, sus señas. Si cree más en la velocidad o en el esférico, si busca avasallar al rival o esperar la oportunidad. Se le pide que devuelva la alegría al Camp Nou, por eso lo fichó la directiva de Bartomeu y a más de media docena de jugadores para revitalizar su proyecto. No debe fallar. 

El técnico es de ideas fijas, lo demostró en Vigo el último año. Su ideario refleja un ADN Barça con especial fijación en la presión extrema, la tensión física y el aguante de las piernas. En la verticalidad y el gol. Así firmó una temporada sobresaliente con los gallegos. Es hora de transportar eso de una vez por todas a Barcelona y hacer que los suyos bailen al compás de su elección. Es hora de que se defina y deje de marear a todos (incluso a sí mismo) con los onces dispares. Es hora de que demuestre ser el líder que afirma ser y transmita su ideología a sus pupilos, para que la asimilen y puedan expresarla sobre el campo. No nos engañemos, no lo ha hecho hasta ahora y por eso los posibles candidatos a las elecciones a la presidencia del Barcelona cada vez cuentan menos con él en sus propuestas. Otros nombres se proponen.

Si Luis Enrique se considera mejor que José Mourinho, Marcelo Bielsa o Jürgen Klopp, que lo hace, ha de demostrarlo y enamorar a la afición con un fútbol directo y atrevido. Original y único. Tiene los ingredientes para ello: unos jugadores cercanos a una racha optimista y el callado consentimiento de la afición por el momento. Le toca dar un paso adelante, o sino caerá en la semana que determinará la temporada del Barça y arrastrará al club en su caída.

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