sábado, 22 de noviembre de 2014

Héroe al rescate

Por Raúl S. Saura

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Quién dijo virus FIFA, el descanso no pudo sentarle mejor al FC Barcelona. Después de derrotas dolorosas y victorias sin convicciones, la plantilla culé dejó la Ciudad Deportiva para acudir a los compromisos con sus diversas selecciones, dejando a Luis Enrique y su equipo solos en busca de la solución a los problemas del equipo como quien busca la razón de la existencia.

Pero la paz no aguantó mucho en Can Barça y la última semana ha quedado marcada por el río de tinta desplegado en base a las interpretaciones parciales de unas declaraciones de Lionel Messi que, amplificadas una y mil veces por la prensa, se han asumido como verdad. Que el argentino se quiere ir del club. Algo que tanto Bartomeu como Lucho como Mascherano han negado por activa y por pasiva. Pero, en cualquier caso, la afición era soberana y en el retorno de la Liga ante el Sevilla de Unai Emery, Messi se supeditaría al plebiscito del Camp Nou. Y el estadio terminó haciendo la ola y sus compañeros aupándolo.

No resulta ninguna revelación mística afirmar que el astro de Rosario es el metrónomo, la personificación de este equipo. El Barça corre cuando Messi corre, mima el esférico cuando Messi lo hace, gana cuando Messi quiere. No hay que criticarle, sin Guardiola ni Vilanova ni Puyol, la plantilla anda más escasa de referentes de lo que quisiera y que el iron man admitiría, y él, como suele, brilla sobre todos los demás. Y anoche salió al campo para rescatar a los blaugranas y arramblar con todas las dudas y críticas de las últimas semanas. Sin él no hubiera resultado imposible, pero los culés dieron la mejor imagen e hicieron el mejor partido desde antes de visitar el Santiago Bernabéu; los aficionados abandonaron el Camp Nou o apagaron las televisiones con el espíritu más aligerado. Se reconoció al Barça sobre el césped. No era para menos.

Luis Enrique estaba obligado a ganar sí o sí ante un rival directo como los del Nervión y más después de la victoria del Real Madrid en Eibar, para evitar quedar a 5 puntos de los blancos. Messi estaba obligado a demostrar su amor (como si hiciera falta) por el club de su vida y del que es tercer capitán. Estaba obligado, además, a alcanzar a Telmo Zarra de una puñetera vez y quitarse los palos -en todos los sentidos- de la cabeza. El 10 hizo la labor por el asturiano, que no vio peligrar su puesto. Tampoco pareció buscarlo.

Ante el equipo de Emery, Luis Enrique presentó algo parecido a un once titular con Bravo bajo palos, Alves, Alba, Piqué y Mathieu en la defensa, Busquets, Xavi y Rakitic conformando el mediocentro y el millonario tridente Messi, Neymar y Suárez arriba. Un grupo terrible, aunque solo uno hiciera falta para demostrarlo. Messi era consciente de las obligaciones que le ataban y respondió ante ellas. De qué manera. Antes de que sus compañeros parecieran despertar, inauguró el marcador en el 22' con un gol soberbio de falta directa. Con un toque magistral supo elevar el balón por encima de la barrera y así alcanzar a Zarra de una vez por todas. Y la hinchada aplaudió y celebró, sin cansarse de todas las maravillas del argentino universal. La fe en él, aunque renqueante, sigue siendo ciega y Messi asemeja un héroe en el imaginario colectivo azulgrana. Como tal supo dar un paso adelante en el partido y guiar al equipo de dubitativos planteamientos hacia la victoria cuando más falta hacía, pulverizando fantasmas personales y grupales a la par que records en un recital para la historia. La Pulga, a medio camino entre el superhombre y el superhéroe para el Barça, parece capaz de ello y más y, lo más importante en fútbol, de demostrarlo. Así, Luis Enrique pudo respirar tranquilo mientras Emery se maldecía de su mala racha contra los barceloneses en los últimos 10 años con 4 equipos distintos en casi 20 partidos. Confío en solventar al final, invisibilizó a su equipos y terminó masacrado días después de decir que su primer triunfo en el Camp Nou quedaba cerca. De leyenda, como casi todo lo visto ayer.

Se reanudó el partido en la segunda parte con un error fundamental de Jordi Alba, tanto en propia puerta que significaba el empate y una oportunidad de oro para los sevillistas. Pero antes de que la aprovecharan y de que surgieran de nuevo las dudas, surgió el otro héroe, el escudero fiel y futura estrella Neymar Jr para volver a adelantar a los suyos, espoleado por su referente. Aunque él, al contrario que Alba y que Messi, no cuenta con una dimensión trágica. No ve empeñada una portentosa actuación por un tanto en propia puerta ni busca desesperadamente volver a ser el que fue, él tiene un espíritu mucho más alegre y ligero que le mueve a celebrar con un baile de salero para los brasileiros y de sorna para los españoles su tanto de cabeza. Acompañado de Alves, una mala influencia.

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Este feo gesto, por suerte, no marcó el partido en el que se jugaban asuntos de mucha mayor relevancia ni amenazan con repetirse mucho si Dani promete y hace las maletas al terminar la temporada. Tiene venia para marcharse el brasileño, mientras otros se queden. Y hablamos, cómo no de Leo Messi, que, no contento con alcanzar al otro astro, al héroe mitológico Zarra, lo afrontó y superó con goles de valor. Una vez Ivan Rakitic sentenció para los suyos con asistencia de Luis Suárez en el 66' (no celebró, más bien mohíno, el tanto ante el equipo que le hizo el descomunal jugador que es hoy), el genio argentino marcó el segundo a falta de 20 minutos para el fin del encuentro después de una contra colectiva. Presentando sus méritos y sus habilidades, Messi se coronaba como máximo artillero en la historia de la Liga española exhibiendo su mejor versión, aquella inigualable, que le hace dejar atrás marcas consideradas imbatibles desde 1955. De ahora en adelante, cada gol suyo será (aún más) histórico. 

Mientras tanto, Luis Enrique denegó a Luis Suárez la opción de sumarse a la fiesta y lo cambió por Pedro, antes de que pudiera estrenarse con la elástica culé. Su número de asistencias, eso sí, empieza a ser burlonamente remarcable. Xavi, ovacionado, bandera de este equipo en busca de identidad, fue sustituido por Rafinha. Pasado por futuro, al tiempo que Adriano (sorprendente su escaso papel con el iron man) entraba por el también meritorio Jordi Alba, Aspas por Bacca. Denis Suárez y después Gerard Deulofeu, espectadores de la celebración blaugrana con la camiseta equivocada. Víctimas de sus cesiones, no pudieron, por más que quisieran, participar de la ceremonia culé que entronizaba a su faro, el heroico Messi capaz de derribar cuanto se proponga. Pero las gestas no viene solas, todo héroe cuenta con armas, en su caso el balón, y, para mimarlo más, redondear la fiesta y obtenerlo de recuerdo, quiso llevárselo a su casa y elevó el quinto gol de los suyos, sexto de la noche, el definitivo, el que cerraba su hat-trick en noche tan mágica, con un fusilamiento desde la frontal. ¡La Pulga regresaba y silenciaba todas las críticas! ¡Aquel era el de los cuatro Balones de Oro, el discípulo de Guardiola! Auténtico artífice de los éxitos del equipo, inigualable, genio, astro, bravo, galáctico y artista, Messi hacía posible el éxito y el manteo de sus propios compañeros sólo enmarcaba aún más su talento. Imposible de frenar, contagioso en su chispa, líder, seguro, resoluto, sin dudas, sin errores, sin vómitos ni Haciendas, Messi no sólo había mejorado sino que mejoraba al equipo. 

Terminó el partido entre vítores y pasillos. Emery se tirará de los pelos una vez más ante el jugador que escapa a todos las tácticas y estadísticas, ante la mancha de su historial. Luis Enrique sonreirá de oreja a oreja ante el éxito cosechado, mal haría en atribuírselo por un solo instante. No, el mérito corresponde a uno y solo a uno que, de querer/volver, encumbrará a su equipo a lo más alto (de nuevo) como su equipo anoche lo encumbró (de nuevo) a lo más alto. De él dependemos y a él todo se lo debemos. Pulga, por doña Celia y por Thiago, a los que no olvidaste, por Pep y Tito, a los que no olvidamos, por Iniesta, por Puyol, por Xavi, por tus escoltas Neymar y Suárez, por Rakitic, Mathieu, Bravo y Rafinha, por los reaparecidos Piqué y Jordi, por el fútbol y por los goles, por los títulos y las celebraciones, por la historia y el honor de disfrutarte y, algún día, recordarte, Gracias.   

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