Por Raúl S. Saura
Tras la victoria ante el Rayo Vallecano de esta semana, la mayor parte de la plantilla blaugrana (desde Messi hasta Bartra de última hora) ha volado con sus diferentes selecciones a las más diversas partes del mundo (siguiendo con los ejemplos, desde Pekín hasta Eslovaquia), dejando los entrenamientos bastante vacíos hasta su vuelta para el enfrentamiento ante el Eibar en diez días.
Sin embargo, la acción en el mundo de Luis Enrique no ha disminuido lo más mínimo. En un mes de Champions, busca una serie de grandes actuaciones tras la derrota en París, con la mirada atenta en el día 25 por partida doble. El Clásico en el Bernabéu y el desembarco de Luis Suárez en el 11 titular. En lo referente a esto, el técnico asturiano y su equipo han vigilado estrechamente al uruguayo en los entrenamientos, en los que se ha mostardo afable, concentrado y preparado para lo que se le ponga por delante. De su mentalidad nadie duda, el charrúa es un luchador nato capaz de colocarse al equipo a su espalda como hiciera con el Liverpool y será capaz de bregar con Pepe y Ramos; es de su adaptación en lo que se piensa estos días y desde hace mucho más. Lucho quiere que Suárez marque goles a pares desde el primer día y empezando con el Madrid. Con la fe del converso, solo quiere ver a los blancos goleados y se ha impuesto a sí mismo repetir la hazaña del año pasado cuando les derrotó con el ambicioso Celta. Solo que esta vez ya no cuenta con Fontàs sino con Mascherano, ya no cuenta con Nolito sino con Messi, Neymar y Luis Suárez, y ese es su principal quebradero de cabeza: si serán capaces de compenetrarse.
Al argentino y al carioca les ha costado alrededor de un año aprender a conectar con cierta soltura y regularidad, la irrupción del uruguayo, de un perfil distinto (más depredador que artista, más mordedor...) obliga a plantearse una serie de dudas. Por el momento, todas las sensaciones son buenas tanto en los partidos como en los entrenamientos y todos parecen llevarse la mar de bien pero esto no tiene que suponer un entendimiento fundamental cuando llegue el gran día. Porque llegará sin ninguna prueba anterior, Suárez debutará en el Bernabéu y es ese abismo, de la nada a lo máximo, el que inquieta al iron man. El que mira y sobre el que reflexiona todos los días hasta que parece devolverle la mirada. No duda de sus capacidades ni de las de su plantilla pero ante su enemigo íntimo no admite otra cosa que la pulverización y tiene miedo de no satisfacer sus grandes expectativas. Su hambre natural puede volverse en su contra, un traspié en Madrid podría hacer tambalear la nave y tras el pinchazo en Champions teme perder el control del navío como Martino, por más que no deje transmitir dudas de cara al exterior. Luis Enrique tiene miedo al fracaso.
El otro gran tema que estos días le mantiene atribulado pese a no contar con casi nadie a quien observar desde su andamio es la defensa. En Liga Bravo y Mathieu han estado ejemplares y no guarda dudas en la competición, pero, de nuevo en la derrota ante el PSG que le reconcome, la zaga dio una pobrísima imagen. Incluso Busquets. Se plantea un cambio absoluto de cara al avance de la temporada: que el Jefecito sustituya al de Badia en el puesto más a menudo, formar un doble pivote, sentar a quien tenga que sentar... Lo hizo en Vallecas, colocó a Piqué y Bartra (hasta ese momento prácticamente ignorados por él) y estos respondieron. Si bien ante un rival de menor entidad, pero Gerard supo dar una lección técnica y táctica los 90 minutos que le hacen volverlo a considerar. El joven Bartra también ha subido varios puntos en su estimación personal frente a un Mathieu que, sin cometer grosso modo errores de peso hasta ahora, sigue sin ser un central de sangre. Vermaelen continúa en la inopia de su cabeza, para ganarse la confianza del asturiano hay que ganársela. Y para ello hay que jugar. Por el momento, el ex del Arsenal no entra en sus planes. Bravo, el cancerbero exigido, sí. Mantendrá a Ter Stegen en la competición europea porque ciertamente tiene futuro, pero por el momento no le agrada tanto como la fiabilidad chilena. Con Rakitic, Iniesta y Rafinha no teme, a estas alturas los conoce bien. Xavi, al que más, sigue siendo un punto de apoyo fundamental para él, lo sepa el de Terrassa o no. Requiere de ese metrónomo y prefiere no renunciar a él hasta tener garantías de que cuenta con sucesores igual de válidos. Tarea difícil.
Estos son los pensamientos que esconde el iron man detrás de sus gafas de sol, a estos se dedica varias veces al día cuando parece aislarse de lo que tiene alrededor. Les da vuelta y los medita muy concienzudamente para encontrar la mejor solución y ahora agradece tener tiempo para pensar. Consciente de que no es un filósofo, otea desde las alturas el camino a seguir.
Sin embargo, la acción en el mundo de Luis Enrique no ha disminuido lo más mínimo. En un mes de Champions, busca una serie de grandes actuaciones tras la derrota en París, con la mirada atenta en el día 25 por partida doble. El Clásico en el Bernabéu y el desembarco de Luis Suárez en el 11 titular. En lo referente a esto, el técnico asturiano y su equipo han vigilado estrechamente al uruguayo en los entrenamientos, en los que se ha mostardo afable, concentrado y preparado para lo que se le ponga por delante. De su mentalidad nadie duda, el charrúa es un luchador nato capaz de colocarse al equipo a su espalda como hiciera con el Liverpool y será capaz de bregar con Pepe y Ramos; es de su adaptación en lo que se piensa estos días y desde hace mucho más. Lucho quiere que Suárez marque goles a pares desde el primer día y empezando con el Madrid. Con la fe del converso, solo quiere ver a los blancos goleados y se ha impuesto a sí mismo repetir la hazaña del año pasado cuando les derrotó con el ambicioso Celta. Solo que esta vez ya no cuenta con Fontàs sino con Mascherano, ya no cuenta con Nolito sino con Messi, Neymar y Luis Suárez, y ese es su principal quebradero de cabeza: si serán capaces de compenetrarse.
Al argentino y al carioca les ha costado alrededor de un año aprender a conectar con cierta soltura y regularidad, la irrupción del uruguayo, de un perfil distinto (más depredador que artista, más mordedor...) obliga a plantearse una serie de dudas. Por el momento, todas las sensaciones son buenas tanto en los partidos como en los entrenamientos y todos parecen llevarse la mar de bien pero esto no tiene que suponer un entendimiento fundamental cuando llegue el gran día. Porque llegará sin ninguna prueba anterior, Suárez debutará en el Bernabéu y es ese abismo, de la nada a lo máximo, el que inquieta al iron man. El que mira y sobre el que reflexiona todos los días hasta que parece devolverle la mirada. No duda de sus capacidades ni de las de su plantilla pero ante su enemigo íntimo no admite otra cosa que la pulverización y tiene miedo de no satisfacer sus grandes expectativas. Su hambre natural puede volverse en su contra, un traspié en Madrid podría hacer tambalear la nave y tras el pinchazo en Champions teme perder el control del navío como Martino, por más que no deje transmitir dudas de cara al exterior. Luis Enrique tiene miedo al fracaso.
El otro gran tema que estos días le mantiene atribulado pese a no contar con casi nadie a quien observar desde su andamio es la defensa. En Liga Bravo y Mathieu han estado ejemplares y no guarda dudas en la competición, pero, de nuevo en la derrota ante el PSG que le reconcome, la zaga dio una pobrísima imagen. Incluso Busquets. Se plantea un cambio absoluto de cara al avance de la temporada: que el Jefecito sustituya al de Badia en el puesto más a menudo, formar un doble pivote, sentar a quien tenga que sentar... Lo hizo en Vallecas, colocó a Piqué y Bartra (hasta ese momento prácticamente ignorados por él) y estos respondieron. Si bien ante un rival de menor entidad, pero Gerard supo dar una lección técnica y táctica los 90 minutos que le hacen volverlo a considerar. El joven Bartra también ha subido varios puntos en su estimación personal frente a un Mathieu que, sin cometer grosso modo errores de peso hasta ahora, sigue sin ser un central de sangre. Vermaelen continúa en la inopia de su cabeza, para ganarse la confianza del asturiano hay que ganársela. Y para ello hay que jugar. Por el momento, el ex del Arsenal no entra en sus planes. Bravo, el cancerbero exigido, sí. Mantendrá a Ter Stegen en la competición europea porque ciertamente tiene futuro, pero por el momento no le agrada tanto como la fiabilidad chilena. Con Rakitic, Iniesta y Rafinha no teme, a estas alturas los conoce bien. Xavi, al que más, sigue siendo un punto de apoyo fundamental para él, lo sepa el de Terrassa o no. Requiere de ese metrónomo y prefiere no renunciar a él hasta tener garantías de que cuenta con sucesores igual de válidos. Tarea difícil.
Estos son los pensamientos que esconde el iron man detrás de sus gafas de sol, a estos se dedica varias veces al día cuando parece aislarse de lo que tiene alrededor. Les da vuelta y los medita muy concienzudamente para encontrar la mejor solución y ahora agradece tener tiempo para pensar. Consciente de que no es un filósofo, otea desde las alturas el camino a seguir.
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