Estamos en 2010, comienza el Mundial de Fútbol, organizado por un país africano (Sudáfrica) por primera vez en la historia y la campeona de Europa, la Roja de España, vuela en busca de la primera estrella de su camiseta. Expertos, entrenadores y casas de apuestas dan por favoritos a los Casillas, Xavi, Puyol, Silva, Villa y compañía, sabedores de que su estilo de juego mantiene su frescura. El nuevo seleccionador, Vicente del Bosque, ha respetado el trabajo de Aragonés
y el fútbol de posesión y control del balón, de asociación y de
triangulaciones imparables se mantiene. Pero no al cien por cien.
Pese a tratarse de una favorita y mantener un nivel muy superior al resto de países (Francia e Italia,
subcampeona y campeona de 2006, hicieron las maletas sin ver siquiera
los octavos de final), recibió un jarro de agua fría en su estreno: 1-0
frente a Suiza. Las críticas arreciaron al instante y muchas voces se mostraron opuestas al doble pivote conformado por Busquets y Xabi Alonso, reclaman la vuelta de Senna y la inclusión del extremo Navas
en el terreno de juego para romper las defensas rivales. España nunca
se ha caracterizado por la paciencia ni por confiar en nadie por mucho
tiempo, a la mínima llegan las críticas oportunistas y así fue. El
vestuario se sintió incómodo con la derrota, el entrenador cuestionado,
pero, conscientes de las esperanzas puestas en ellos, lograron la
clasificación a la siguiente fase pasando por delante de Honduras y Chile. La Roja continuaba su senda de triunfos, su dominio absoluto de los partidos y las confianzas retornaban para afrontar al Portugal de Cristiano Ronaldo en octavos. Con un 1-0 de Villa se les eliminó.
En cuartos esperaba una Paraguay que practicaba una presión asfixiante, entrenada por un tal Tata Martino. Tras algunos penaltis locos, España pasó a semifinales con un 1-0 de Villa. Muchos comenzaron a hablar de villadependencia
y que, de no ser por los goles del Guaje, España no avanzaría en la
competición, pero hablamos de todo un error porque otros como Casillas, Iniesta,
Puyol y demás aportaron mucho al equipo y todos tuvieron momentos para
su lucimiento personal. Quien no demostró nada ni destacó en absoluto
fue Torres, recién recuperado de una grave lesión de varios
meses, que realizó un Mundial directamente para el olvido, muy por
debajo del nivel de sus compañeros. Aún así, estábamos entre los cuatro
finalistas y nos tocaba la peligrosa Alemania de Joachim Löw, a la que impedimos alzarse con la Eurocopa dos años atrás. La otra gran favorita.
Los nervios se dispararon, más que en ningún momento de toda la
competición, pero desde el primer minuto del encuentro se contempló lo
de siempre: el buen hacer con el balón de la Roja, que lo escondía y lo
negaba al rival y, de su mano, avanzaba a la portería rival. Así hasta
que llegó el gol, solo que esta vez no de la mano de Villa (quien cerró
su cuenta personal a 5 goles en Sudáfrica), sino de Puyol en saque de
corner. Lo sacó Xavi y el capi, como ya avisó a su gran amigo, le
esperaba en el área germana para remachar con tal ímpetu que casi tiró a
su compañero Piqué, más alto y de una complexión considerablemente más
fuerte. ¡España alcanzaba la final del Mundial por primera vez en la
historia! ¡Eliminaba a la otra gran favorita y el mismo seleccionador
alemán reconocía haber perdido ante la campeona! Ahora sí que se
daba a la Roja por ganadora y el éxtasis cundía por todo el país,
infundiendo a la ciudadanía una alegría que la crisis económica parecía
querer denegarles.
Y así, en medio del júbilo común, de las felicitaciones mutuas, de las
alegrías y esperanzas inolvidables para cualquiera que vivió aquel
verano, España llegaba a la final. Sí, pero contra Holanda.
Saliera ganador quien saliera habría un debutante campeón en la historia
del torneo deportivo con mayor seguimiento del globo. Aquel era el
momento que determinara la carrera de todos los jugadores presentes. De
nuestro lado, los ídolos de siempre, venerados por millones de personas
gracias a su solidaridad, ausencia de egoísmos y compromiso sincero con
los colores de la camiseta, por encima del hecho de pertenecer a clubs
irreconciliables. Todo un equipo se enfrentaba al reto de sus vidas,
comenzaba la final del Mundial de Sudáfrica que dejaría cinco escenas
para el recuerdo. Cinco ya icónicas en el ideario colectivo español y
futbolero. Cinco que no podíamos pasar por alto y que vamos a ir viendo.
La primera, la obvia. Desde el primer momento Holanda jugó a lo sucio,
recurriendo a las faltas sin miramientos para cortar el juego fluido de
los españoles y así entorpecerles y hacerles menos efectivos. El pésimo
arbitraje de Webb ejerció de solícito aliado para ello y pudimos
contemplar infinidad de faltas marrullerras propias de patio de colegio.
La que más, la patada voladora de De Jong a Xabi Alonso. Vergonzoso, ya después del encuentro dijo Johan Cruyff,
con el corazón partido, que Holanda no mereció ganar por sus jugadores
tan sucios. Que, cuatro años después, no han abandonado la violencia a
la hora de salir al terreno de juego, todo sea dicho.
De esta manera, tan descorazonada y con los nervios a flor de piel
acrecentados ante tanta criminalidad sin castigo, continuó el partido
con un desgaste importante, unas ocasiones contadísimas y un resultado
inalterado. En este contexto llegó una jugada de leyenda. Robben quedó solo y avanzó hacia el área de Casillas con el de Móstoles
como único muro para el gol y, muy probablemente, el titulo mundial.
Cuando ambos cracks quedaron cara a cara en una jugada que determinaría
el devenir del partido pasara cuanto pasase. Entonces pasó esto:
¡Casillas la paró! ¡La paró, la paró, la paró! ¡El santo y seña, el
capitán, el cancerbero, el muro, el ángel de la guarda, el más grande la
había parado y Holanda no encontraría una mejor ocasión para marcar!
¡Cómo lo harían si delante tenían a Casillas, salvador de España!
Aquello fue un subidón de adrenalina solo comparable a un gol, el
momento para lucirse del capitán del Real Madrid, cuando debía demostrar
lo que era y lo demostró. Nadie olvidará esa parada histórica suya, esa
espinita clavada en Robben durante tanto tiempo. Pero el partido no
había acabado y la situación no variaba. Llegó la prórroga y Villa
abandonaba el terreno de juego, derrengado por completo. Nada claro, a
la mínima uno de los dos países perdería una oportunidad única y podía
ser cualquiera, Holanda había conseguido incomodar y casi anular el
juego de la Roja y un traspiés podría significar el fracaso. Todo el
mundo era consciente de ello, y más cuando llegaba la segunda parte de
la prórroga. Era la hora de dar un paso adelante y así ocurrió. Y todos
lo sabemos y volvemos a verlo una y otra vez al recordarlo. Navas roba
un balón... Cesc en el área envía para Iniesta y allí, el mago de Fuentalbilla, el albino de otra galaxia, el manchego universal, frente a frente de nuevo ante el portero...
¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL! ¡Iniesta lo había hecho,
gol en la final, la Copa del Mundo en nuestras manos gracias al 6 de la
Selección y 8 del Barça! ¡Gracias Don Andrés, España ganaba el Mundial
por primera vez en la historia gracias al blanquito! Con un recuerdo a Dani Jarque y el triunfo en los labios, España se proclamaba campeona y, y hablando de labios...
Otro momento de la final, no se puede negarlo pero, por fin, después de
tantos lloros, de tanto talento y momentos para el recuerdo cimentados
en la calidad y el esfuerzo, levantábamos lo que la Roja merecía por
derecho de conquista, éramos campeones, éramos eternos y nadie nos los quitaría nunca.
Con una plantilla legendaria y entregada, con la guía de un hombre tan
sabio como imperturbable llamado DON Vicente, habíamos hecho historia
encadenando Eurocopa y Copa del Mundo. Aquel equipo entraba en la
historia con todo merecimiento, con unos jugadores en su plenitud y la
firme decisión de luchar para repetirlo una y otra vez. Se marcharon
como héroes y regresaron como leyendas, las felicitaciones se sucedieron
por doquier en todo el territorio español y en Cibeles los
futbolistas celebraron por todo lo alto. "Quien me iba a decir a mí que
iba a celebrar un título aquí", señaló Xavi Hernández.
Confirmamos las sensaciones de 2008, estábamos en la cima. Ahora la
cuestión era mantenerse y la mirada quedaba fija en el próximo desafío:
la triple corona en Polonia y Ucrania. Pero esa ya es otra historia que trataremos más adelante, ahora el confeti nos dificulta la vista y somos los mejores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario