miércoles, 2 de julio de 2014

Así fue el Barça 2013/14 IV: Una plantilla en decadencia (por Raúl S. Saura)

 

Continúo mi repaso del Barcelona del Tata Martino. Después de tratar al DT, a Neymar y a Messi le toca el turno ahora al resto de la plantilla, a los Puyol, Xavi, Iniesta, Busquets, Valdés y demás. Muchos nombres, pero la idea viene a ser la misma: la decadencia de una plantilla de ensueño.
El equipo que lo conquistó absolutamente todo con Pep Guardiola ya no es el de antes. Los años han pasado (por encima), como en la selección, y se dejan notar en las piernas de los futbolistas. Este último año hemos visto a un combinado mucho más lento que otras veces y predecible, que prefería ir a lo seguro y pasar al compañero de al lado antes de intentar una internada milagrera en territorios enemigos. En el que prevalecía la ovejil horizontal sobre la arriesgada verticalidad. La culpa, en parte, es del técnico sin duda alguna. Gerardo Martino no supo animar a sus jugadores y motivarles tanto como Guardiola, como muestran los resultados. La llegada del argentino prometía para más de uno la recuperación de las triangulaciones que quitan el aliento por su formación junto al Loco Bielsa, y de la presión asfixiante, como la Paraguay que entrenó en Sudáfrica 2010. Y a veces se volvieron a ver sobre el terreno de juego con gran éxito, como en las goleadas por 7-0 a Levante y Osasuna o el 3-4 en el Bernabéu. Es decir, la calidad de estos futbolistas sigue siendo la misma y es tal que aparece en cualquier momento cual musa y puede no sólo solucionar un encuentro, sino elevarlo a la categoría de exhibición de hazañas estéticas. Que es injusto lacerar a Martino con el fracaso y señalar a la plantilla por los puntuales triunfos, cierto, pero un entrenador debe saber mantener en tensión a sus pupilos en todo momento y no confiar en su autogestión. Además, el argentino ha reconocido públicamente su fracaso en su experiencia blaugrana y este es su primer y principal fallo en los meses de estancia en Barcelona. Triste consecuencia del paso de una plantilla que admiraba a su entrenador (Pep, Tito) a una técnico que admiraba a la misma. 
En cualquier caso, las circunstancias no ayudaron al leproso: los infinitos lesiones y problemas de Messi le dejaron ausente gran parte de la temporada, la incorporación de Neymar se saldó más bien en problemas institucionales que en maravillas sobre el césped, y el estado físico/anímico/wakawaka/no-sabemos-muy-bien-qué de algunos como Alves o Piqué dejó en todo momento mucho que desear. Pocos dieron la cara por el equipo jugando: Puyol, más cerca del retiro que de la élite; Valdés, con las maletas ya hechas; Busquets, eje imprescindible del mediocentro culé; Iniesta, el mago de Fuentealbilla, el único que produjo buenas sensaciones en el tramo final de temporada y en la Roja que vimos brevemente en Brasil. 
Y no trae ninguna sorpresa: el paso del tiempo, inexorable, a velocidad de crucero, se impone sobre todos, y no podíamos esperar que los jugadores continuaran corriendo, presionando y pasando el balón a velocidad supersónica como hace cinco años cuando las edades y las lesiones se empeñaban en no permitirlo. El físico y la concentración estaban en la luna de Valencia y toda la suerte acumulada (imprescindible para ganar en el fútbol) durante este período pareció abandonarles definitivamente ante un técnico incapaz de regenerar la plantilla en el momento adecuado. Así, no se atrevió a sentar a Piqué o Mascherano por Bartra, ni a Xavi o Iniesta en sus momentos más oscuros por Sergi Roberto, el ojito derecho de Vilanova. Ni tampoco mandó a la grada a Neymar y Cesc cuando Pedro, Alexis y Tello hubieran desempeñado un papel más destacable en determinados encuentros. En ocasiones la partida le salió bien, pero a final de temporada no ocurrió así ni una sola vez y es en esos momentos cuando un año queda configurado y marcado para los libros de historia, moldeado con el molde del triunfo o el fracaso para siempre. Por desgracia, la temporada 2013/14 queda como fracaso y ya no puede hacerse nada.
Por ello, la directiva del equipo (que tampoco anda para echar cohetes) decidió renovar el equipo. Comenzaron con el técnico: se marchó el Tata, siempre incapaz de manejar un vestuario de grande de Europa y siempre incapaz de disimularlo por más buena intención que pusiera, por Luis Enrique Martínez. Un técnico joven, con experiencia en Europa, una identificación sincera con el sistema de juego del Barça, un antiguo jugador (lo cual ayuda mucho, inevitablemente, en este equipo) con una fe culé que sólo logra alcanzar un converso como él. Además, un hombre caracterizado por su exigencia para con sus pupilos, tanto física como mental. Al igual que Guardiola, con el que comparan. Queda por ver cómo les saldrá la jugada, que no es moco de pavo. Este es un club de entrenadores (Barça de Guardiola, de Rijkaard, de van Gaal, Dream Team de Cruyff...) y no de jugadores, y la capacidad para aportar de estos queda supeditada a la de él. Pero, por el momento, las incorporaciones no dan pie a la desilusión: regresan los prometedores canteranos Deulofeu y Rafinha con ganas de asaltar la titularidad, Ter Stegen y Bravo suceden a Valdés y Pinto (en quien pocos veían un segundo portero de garantías) bajo palos, Rakitic compensa la marcha del irregular Cesc y apunta a sucesor de Pep y Xavi como cerebro del equipo y el 4 a la espalda. Se habla mucho estos días de la posible incorporación del ariete red Luis Suárez a la disciplina culé en un movimiento florentiniano, de hecho hoy mismo Sanllehí (director de fútbol) ha llegado a Londres para iniciar negociaciones por el uruguayo y el traspaso se da por hecho. La cuestión es por cuanto y si se incorporarán centrales al club, algo de lo que careció muy y mucho la temporada pasada. Quinta esencia absoluta de los males endémicos de la plantilla, Piqué y Mascherano rindieron a escaso nivel. Débiles, nada atrevidos, no sabían reducir ataques rivales ni aun superándolas en número por la incapacidad azulgrana de reconstruirse en la transición ataque-defensa, que siempre les pilla a contra pié. 
En fin, así estuvo la plantilla culé la temporada 2013/2014. Desorganizada, desmotivada, débil y con muchas otras cosas en la cabeza. De todo, menos el día a día en su equipo. Así estuvo de mal.

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