Cuando tus ojos miran para un lado y tu mandíbula para otro
Sin faltar a la verdad, el nombramiento de Luis Enrique Martínez como nuevo técnico del FC Barcelona fue una decisión continuista con el modelo de Guardiola, incluso conservadora. Más valiente hubiera sido seguir insistiendo por Klopp o Valverde, más arriesgado conceder las riendas del equipo a Paco Jémez, pero Luis Enrique suponía el nombre fácil en la lista, la seguridad de que no pondrá patas arribas el equipo con los cambios, que no comenzará a jugar a otra cosa etc. Salvo que quizás lo haga.
El técnico asturiano ha vigilado al club de sus amores al detalle este último año, ha visto lo previsible de su juego, su horizontalidad y falta de peligro. Su relajamiento, en definitiva. Y eso es algo que él, un cuarentón con un estado físico sensacional, no puede permitir. Valiente, sin esconderse de nadie como ya demostró en los clásicos contra su ex, el Real Madrid, en su ideario futbolístico la vagancia no aparece. Él está decidido a hacer cambios si lo considera necesario (como demostró en la Roma, cuando sentó a Totti), es exigente con sus pupilos y quiere de ellos la mejor forma física posible (como demostró en el Celta, cuando inició jornadas triples de entrenamientos: Nolito perdió 10 kilos en un mes) porque, para él, la velocidad, la fuerza y la energía son primordiales y logra instilar en el juego de sus equipos su forma de ser. Su agresividad, su aportación al ataque, su seguridad y su decisión de no concederle nada a nadie. Lucho es un luchador, y la comparación con Guardiola y Simeone, más cierta de lo que pueda parecer.
De ahí el verano tan movido que estamos vislumbrando en Can Barça. Luis Enrique ha llegado a un club donde los años comienzan a pesar, donde la panza está llena y faltan razones por las que correr en cada partido como él quiere. Y si estos jugadores no lo van a hacer, traigamos a otros ha parecido decir. Porque en la directiva del club trabajan día y noche todas estas semanas en busca de refuerzos de garantías para el equipo, para devolverlo a la primera línea del balompié europeo tras una temporada sin éxitos, para renovar una plantilla como no se hará una vez la sanción impuesta retorne. Por ello, están decididos a mover Roma con Santiago por el equipo. En la portería, Valdés ha dejado de ser jugador culé desde hoy a falta de un nuevo club, y a Pinto se le comunicó que no continuaría en las filas azulgranas, en busca de la renovación profunda que venía exigiéndose desde el 7-0 frente al Bayern. En su lugar han llegado Ter Stegen y Claudio Bravo, dos guardametas en los que se confía en gran medida y que no buscan defraudar. El uno joven, el otro experimentado, a ambos los acompañará Jordi Masip, procedente del filial donde estuvo a las órdenes de Lucho, en la lucha por la titularidad, que se presume terrible. Así, la portería del equipo parece quedar asegurada por una década.
La otra gran incorporación al Barça este año, Ivan Rakitic, se ha despedido hoy también de su club, el Sevilla CF, que ha liderado este último año con el premio de la Europa League. El suizo-croata llega para aportar músculo, poderío, velocidad y cerebro al centro del campo en sustitución de Cesc Fàbregas y, presumiblemente, Xavi Hernández, en torno al que se han producido los triunfos de su equipo y su selección. Un reto complicado para el ex sevillista, pero atesora talento suficiente como para lograrlo. También se ha hablado de Kroos y Koke Resurrección como más refuerzos para la línea del club, aunque por el momento las negociaciones se han frenado en favor de…
Luis Suárez. El delantero uruguayo, referente en el Liverpool de Rodgers, gusta mucho a Luis Enrique. Ve en él la agresividad, el olfato goleador y el 9 que busca para su equipo, en el que parece que Messi pasará a ocupar la banda derecha. Y con el argentino, Neymar por la izquierda y el charrúa al centro, busca un tridente goleador imparable, aún superior al Messi-Villa-Pedro de hace unos años. El canario, o quizás Alexis Sánchez, podrían abandonar la disciplina culé para partir a Anfield y así rebajar el coste del crack. Porque Suárez, por mucho mordisco a Chiellini (que le supondrá no volver a jugar un partido hasta finales de octubre), sigue costando mucho para un equipo donde resulta casi irremplazable. El Barcelona realizará su primera oferta esta semana, que no bajará de los 60 millones más jugadores en ningún caso. Según algunas filtraciones, los culés también han preguntado por el defensa Agger en busca de una megaoperación de record en la que Tello y Song tienen un papel que jugar. Al parecer, nos encontramos ante un nuevo culebrón del verano.
Las otras dos incorporaciones a la escuadra este verano, la vuelta de los cedidos Rafinha y Deulofeu, supone la apuesta por la cantera que tantas alegrías ha supuesto estos años. Supone la velocidad, el descaro, el conocimiento al dedillo del sistema de juego, el compromiso y los colores. Además, al hermano pequeño de Thiago Alcántara Lucho ya lo ha entrenado en Vigo, así que sabe a la perfección la mejor forma para que destaque este talentoso brasileño.
En cuanto a la zaga, se necesitan refuerzos de altura y más tras la marcha del capitán Puyol, quien no se ha ido muy lejos, ahora ocupa el cargo de segundo director deportivo y muchos apuntan a que los últimos fichajes, tan rápidos y bien ejecutados, se deben a él y Luis Enrique en vez de al torpe Zubizarreta. Por el momento, entregará la Copa del Mundo al campeón en Brasil como reconocimiento a su carrera. En lo tocante a las altas, se comenzó el verano barajando los nombres de Hummels, Mangala, Laporte y David Luiz. El brasileño ahora es imposible (fichó por el PSG al comienzo del mercado de fichaje por 50 millones) y el vasco-francés tres cuartos de lo mismo. Sin embargo, el tira y afloja por Luis Suárez va a tener como consecuencias el agotamiento de tiempo, dinero y energías, por lo que los azulgranas corren el riesgo de llegar tarde para reforzar la zaga, epítome de los defectos de este equipo los dos últimos años, los mismos que Luis Enrique prometió rectificar. La pasividad, la indolencia, la nulidad en la transición ataque-defensa, la debilidad y falta de decisión. El joven Bartra comienza a ganarse las confianzas de los técnicos que le conocen para ejercer de titular en el club por delante de un Mascherano que no juega como central de manera natural y quizás le arrebate al brazalete de capitán por méritos propios a Piqué, cuya falta de concentración los últimos 3 años es demasiado evidente.
Sin Puyol, Xavi ni Valdés Luis Enrique confía en Iniesta, Busquets, Messi y Jordi Alba para iniciar su era (y agradece sobremanera la pronta eliminación del Mundial en favor de su descanso por casi un mes, mejor no llegar cansado a sus sesiones), una en la que la exigencia hacia sus jugadores se da por descontado. Si alguien en su misma posición lo puede hacer mejor, no duda en sentarlo sin importar el nombre. Muchos dicen que Messi no hubiera jugado apenas con él el período de tiempo que pasó con el Tata Martino, y no muy lejos andan de la realidad. El asturiano no vislumbra un equipo que no corra, que no suba, que no robe el balón ni falle al mantenerlo. Se notan sus tiempos de delantero, ya que para él el gol es una cosa muy seria. Cuando uno de los suyos sube al ataque, el futbolista que hay detrás sube con él, lo que supone uno más para el ataque pero deja al equipo más vulnerable ante una contra. De ahí la necesidad de fichar nuevos centrales que arreglen el desaguisado de la zaga culé. Quizás Marquinhos y Mathieu no estén preparados para tamaña responsabilidad, pero al menos aportarían más efectivos ahí atrás, efectivos que aún no hay y a este ritmo no habrá, y entonces el equipo contará con un Luis Suárez, un Koke, pero no con dos centrales de garantías. Adquisiciones que llenarán menos portadas pero potenciarán mucho más al club.
La garra, la tensión y el desparpajo. El talento, la verticalidad y la confianza. La velocidad, la magia y el esfuerzo. La presión y las triangulaciones aquí perdidas. Ese es el credo de Luis Enrique, así lo ha demostrado hasta ahora con los nuevos jugadores: jóvenes y capacitados, con ganas de comerse el mundo como él, y los que vengan. Sea un Suárez o un Chygrynskiy, tras la autocomplacencia en la que había caído la plantilla, la llegada el asturiano promete remover mucho más que los nombres, más que las conciencias. Su talento; y cuando estos gigantes despierten de su insomnio, nadie podrá pararlos de nuevo.
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