El 3 de junio de 2013, después de muchos años de guerras y habladurías, de luchas sin cuartel, Neymar da Silva Júnior pasó reconocimiento médico con el FC Barcelona. El niño de oro, la gran promesa del fútbol mundial y estrella brasileña, llegaba a Can Barça, los barcelonistas imponiéndose en el enfrentamiento con el Real Madrid por el codiciado jugador. Varios lo vendieron como una venganza por la contratación de Di Stéfano, viendo en Neymar la promesa de un nuevo jugador eterno. Oficialmente, costó 57 millones, si bien desde el primer momento el Santos (su anterior equipo, el de Pelé) y los cálculos de diversos periodistas indicaron que aquello no podía ser cierto. Pero no nos adelantemos.
Como era de esperar, los focos se centraron en el carioca ipso facto, en busca de que se ganara el desembolso y saldara las esperanzas puestas en él desde el primer momento. No comenzó mal su andadura culé: su solitario gol de cabeza y las postreras paradas de un provindencial Víctor Valdés concedieron al Barcelona el primer (y único) título del año: la Supercopa de España frente al Atlético de Madrid. Todavía contó con varios momentos provindenciales, demostrando su regate, velocidad y desmarque, como en el primer gol en el Clásico del Camp Nou (2-1) o su semana mágica con cinco goles en los partidos frente a Celtic y Villarreal. Parecía que iba a comerse el mundo, pero las cosas comenzaron por torcerse.
A principios de 2014, cuando Messi se recuperó de una lesión que le había apartado de los terrenos de juego dos meses y de la ansiada conexión con Neymar, el brasileño no pudo jugar por cuatro semanas. Esos días, el presidente Sandro Rosell dimitió por supuestas irregularidades en su contratación. Los medios comenzaron a investigar, a la par que la justicia, para descubrir que el fichaje del joven promesa alcanzaría aproximadamente los 100 millones de euros, contando con un lucroso contrato para su padre. Además, su sueldo alcanzaba el escalón más alto de la plantilla y muchos sospechan del enfado de Messi con el club por este motivo, dolido por este menoscabo de su autoridad, como al parecer lo considera.
En cualquier caso, los primeros meses del presente año fueron los más controvertidos y difíciles del club, con una nueva directiva deslegitimada (por ser la de antes pero sin su presidente, ahora dado al anonimato) y un chaval que por el momento había causado más problemas que alegrías. Su vuelta a los terrenos de juego tampoco fue fácil, había pasado por unos momentos de mucha presión e incomodidad por la tormenta desatada sobre su nuevo equipo, al que había llegado ilusionado por poder jugar con sus ídolos Messi, Xavi e Iniesta. Como venía deseando desde el Mundialito de Clubes de 2011, cuando perdió frente al Barça por 4-0 y al terminar les pidió las camisetas a Leo y Puyol, además de casi suplicarle a Guardiola que "le llevara a Barcelona". A partir de entonces, las cosas dejaron de ser fáciles para el brasileño: comenzó a ser criticado por no defender atrás cuando tocaba, por desvanecerse en los partidos (si bien en los más importantes siempre se hizo notar, como en el enfrentamiento contra el Atlético de Madrid en Champions: suyo fue el único gol de su equipo), por pensar más en el Mundial que en el club. Su nivel comenzó a decaer, conformando finalmente una temporada irregular con sólo 9 goles en su haber y una conexión con Messi aún a trabajar a día de hoy.
Algunos consideran la primera temporada de Neymar como decepcionante y tachan de exagerado e innecesario su fichaje. Ciertamente, no se trató de una cuestión de vida o muerte, más bien de encaprichamiento presidencial, como el Tata, y de consiguir vencer a Florentino con florentinismo. Destellos de su talento se han visto y disfrutado, si bien todo su potencial queda por explorar. Nunca ha sido fácil para los jugadores brasileños dar el paso a Europa, necesitan de un período de adaptación a las defensas más duras y las estrategias más elaboradas. Por ello, y por el nuevo entrenador, se confía en que la segunda temporada en tierras catalanas resulte en mejores resultados para el carioca, en quien muchos ven al referente de futuro del equipo, una vez la estrella de Messi comience a decaer irremediablemente (la próxima entrega sobre el Barça 13/14 tratará sobre el argentino). Por el momento, su aportación al Barça consiste en un título y goles frente a los dos principales equipos madrileños. Una temporada irregular, una promesa mundial.
Como era de esperar, los focos se centraron en el carioca ipso facto, en busca de que se ganara el desembolso y saldara las esperanzas puestas en él desde el primer momento. No comenzó mal su andadura culé: su solitario gol de cabeza y las postreras paradas de un provindencial Víctor Valdés concedieron al Barcelona el primer (y único) título del año: la Supercopa de España frente al Atlético de Madrid. Todavía contó con varios momentos provindenciales, demostrando su regate, velocidad y desmarque, como en el primer gol en el Clásico del Camp Nou (2-1) o su semana mágica con cinco goles en los partidos frente a Celtic y Villarreal. Parecía que iba a comerse el mundo, pero las cosas comenzaron por torcerse.
A principios de 2014, cuando Messi se recuperó de una lesión que le había apartado de los terrenos de juego dos meses y de la ansiada conexión con Neymar, el brasileño no pudo jugar por cuatro semanas. Esos días, el presidente Sandro Rosell dimitió por supuestas irregularidades en su contratación. Los medios comenzaron a investigar, a la par que la justicia, para descubrir que el fichaje del joven promesa alcanzaría aproximadamente los 100 millones de euros, contando con un lucroso contrato para su padre. Además, su sueldo alcanzaba el escalón más alto de la plantilla y muchos sospechan del enfado de Messi con el club por este motivo, dolido por este menoscabo de su autoridad, como al parecer lo considera.
En cualquier caso, los primeros meses del presente año fueron los más controvertidos y difíciles del club, con una nueva directiva deslegitimada (por ser la de antes pero sin su presidente, ahora dado al anonimato) y un chaval que por el momento había causado más problemas que alegrías. Su vuelta a los terrenos de juego tampoco fue fácil, había pasado por unos momentos de mucha presión e incomodidad por la tormenta desatada sobre su nuevo equipo, al que había llegado ilusionado por poder jugar con sus ídolos Messi, Xavi e Iniesta. Como venía deseando desde el Mundialito de Clubes de 2011, cuando perdió frente al Barça por 4-0 y al terminar les pidió las camisetas a Leo y Puyol, además de casi suplicarle a Guardiola que "le llevara a Barcelona". A partir de entonces, las cosas dejaron de ser fáciles para el brasileño: comenzó a ser criticado por no defender atrás cuando tocaba, por desvanecerse en los partidos (si bien en los más importantes siempre se hizo notar, como en el enfrentamiento contra el Atlético de Madrid en Champions: suyo fue el único gol de su equipo), por pensar más en el Mundial que en el club. Su nivel comenzó a decaer, conformando finalmente una temporada irregular con sólo 9 goles en su haber y una conexión con Messi aún a trabajar a día de hoy.
Algunos consideran la primera temporada de Neymar como decepcionante y tachan de exagerado e innecesario su fichaje. Ciertamente, no se trató de una cuestión de vida o muerte, más bien de encaprichamiento presidencial, como el Tata, y de consiguir vencer a Florentino con florentinismo. Destellos de su talento se han visto y disfrutado, si bien todo su potencial queda por explorar. Nunca ha sido fácil para los jugadores brasileños dar el paso a Europa, necesitan de un período de adaptación a las defensas más duras y las estrategias más elaboradas. Por ello, y por el nuevo entrenador, se confía en que la segunda temporada en tierras catalanas resulte en mejores resultados para el carioca, en quien muchos ven al referente de futuro del equipo, una vez la estrella de Messi comience a decaer irremediablemente (la próxima entrega sobre el Barça 13/14 tratará sobre el argentino). Por el momento, su aportación al Barça consiste en un título y goles frente a los dos principales equipos madrileños. Una temporada irregular, una promesa mundial.
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