sábado, 5 de abril de 2014

Crónica de una victoria anunciada (por Raúl S. Saura)


El Betis parece estar gafado desde principios de temporada, como si se hubieran cruzado con un gato negro, pasado por debajo de una escalera, abierto un paraguas en interior y todas esas chorradas. Tiene guasa el visitar el Camp Nou, hacer un partido más que decente y perder por unos penalties tan claros como innecesarios. Una pena tremenda, pero nadie se apiada de los béticos cuando los tiene enfrente y así continúa su largo peregrinaje por el desierto, su crónica de una muerte anunciada.
Los visitantes apenas les dejaron comenzar el encuentro relajados, la victoria local en el Calderón se notaba y en el minuto 14' Figueras cometió la pena máxima sobre Alexis, en sus esperpénticos intentos de hacer bicicletas y quiebros hasta al banderín de corner. Messi fusiló y la tarde prometía tranquila en Barcelona, aprovechando que ahora el buen tiempo ha vuelto. Craso error.
Porque a partir de ese momento los blaugranas se relajaron, como gustan de hace mucho desde la marcha de Guardiola y así les hace un descosido hasta el equipo alevín. Indolentes, débiles, flojos, desganados, con el piloto automático puesto, un mal equipo por completo a la espera de lo que ocurra el miércoles en Europa.
Ralentizados y mansos, aquel era el momento a aprovechar para el Betis, ese equipo al que tan mal les va pero tan bien nos cae (menos a los sevillistas, claro). Porque están viviendo una tragedia homérica últimamente, pero tontos no son y olieron la sangre por más que Calderón (el entrenador, no el estadio) relegara la dinamita ofensiva al banquillo: Molina y Castro. Dándose por vencido tan fácilmente es como conducirá a los andaluces a Segunda y por ello los suyos no lograron hacer mucho daño por más empeño que pusieran. Resultado: un partido soso, blando y desaborido. Más entretenido votar en el referendum, donde va a parar y además, de paso te cruzas con la elite catalana.
La segunda parte tampoco traería demasiadas novedades, solamente un gol en porpia puerta de Figueras al interceptar un centro de Adriano (sustituyendo a Jordi Alba, que cumplía ciclo de tarjetas) para Pedro. Un minuto después su compañero Rubén Castro, quien finalmente salió, marcó el 2-1 a pase de N'Diaye y metió el miedo en el cuerpo a toda la grada. Con Martino indeciso por los cambios, Pinto inseguro, la defensa hecha un lío, Iniesta relajado y Messi desaparecido, la hazaña verdiblanca pareció posible y no hubiera sido la primera vez. Pero ocurrió algo que trastocó todos estas presunciones en el minuto 78' cuando salió al terreno de juego un jugador de lo más controvertido pero determinante siempre, en los partidos más importantes y en los menos. Neymar Junior hizo su aparición y con su espíritu alborotador logró penalti (5 en los últimos 4 partidos de Liga para los culés. Lo sé, pero quien se apunte puede verlos conmigo porque claros son). Adán paró, osado él, a Leo para dejar el balón muerto en el área y ver al mismo argentino corregir su propio error. 3-1, lástima por el ex-portero blanco porque ha renacido por completo en tierras sureñas.
Y sin nada más terminó el partido. Un gris Barcelona desmontó a un Betis imagen perfecta del quiero y no puedo, del condenado a ahogarse que sigue moviendo los brazos disconforme con su final, de una crónica anunciada. Una pena, la verdad. En cuanto a los azulgranas, la debilidad y tibieza en Europa se pagan caras y el Atlético podría no perdonarlas, aunque quien sabe cómo saldrán estos jugadores el miércoles.
El Atlético ganó, el Barça también y finalmente lo haría el Madrid sin CR en Anoeta, un logro. La Liga sigue al rojo vivo y cada vez queda menos tiempo.
Ayer también fue el referendum sobre el nuevo Camp Nou. 3 de cada 4 socios culés apoyaron no sólo la iniciativa, sino que respaldaron tácitamente a la directiva actual. Se han ganado un tiempo a costa del mayor estadio de Europa. Uno no puede evitar temer que este club caiga única y exclusivamente de una cuchillada por la espalda en su eterna lucha cainita.  
P.D.: Ayer se hicieron 20 años de la muerte de Kurt Cobain. Antes de terminar como lo hizo deberían haberle dejado reventar la cabeza de Axl Rose a guitarrazos, antes de que arruinara él solito Guns N' Roses.

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