Por Raúl S. Saura
Se aferró el FC Barcelona como a un clavo ardiendo a la idea de que el Tribunal de Arbitraje Deportivo no ratificara las sanciones impuestas por la FIFA, pero el encanto no duró mucho y desde hacía varias semanas los dirigentes culés esperaban la resolución de hoy tras una desafortunada visita al TAS.
De esta manera, el club barcelonés no volverá a fichar hasta enero de 2016 y deberá pagar una multa de 370.000 euros por la contratación irregular de jugadores menores de edad. El presidente Bartomeu ha expresado su desacuerdo con la condena, la considera casi un ataque y un menosprecio a una institución tan respetada en todo el mundo como la Masía, pero ya no le quedan más balas en su argumento. El Barcelona deberá pagar, admitir su error y hacerse a la idea de que en el próximo año y medio no aparecerán nuevas caras (en cuanto a futbolistas, no existe sanción para un nuevo entrenador). El club sí podrá renovar contratos, dar de baja a quienes no despierten confianza en el director técnico y recuperar jugadores cedidos. Todo lo demás es imposible.
No ha sentado nada bien en Can Barça esta sanción, no porque se considere injusta (que también, en cierto sector), sino porque los errores cometidos este verano se revelan con mayor claridad en estos momentos. La defensa no se reforzó tanto como hubiese debido y las ilusiones de adquirir un central de altura como Laporte, Hummels o Vertonghen o un lateral ante la inminente fuga (Alves, Montoya) se difumina. Una situación bastante delicada en lo deportivo que se potencia ante la cercanía de elecciones.
Desde el club se acepta generalmente que en otros tiempos el castigo no hubiera supuesto tanto daño y que, en cualquier caso, ha surgido el panorama ideal para que los más jóvenes se hagan con un puesto fijo en tiempos de duda: Marc Bartra cuenta con una oportunidad en el lateral derecho, Adama, Grimaldo, Sandro, Munir, Denis Suárez y Deulofeu en Sevilla, Tello en Oporto... los canteranos quizás salven la situación llegado el momento y movimientos como regresos de cesiones o ascensos al primer equipo salven las portadas del próximo verano pero, ante estos nombres, la fragilidad defensiva queda aún más clara. No existe relevo en ese terreno y la plantilla no puede permitirse no encontrarlo en el corto tiempo, antes de que otros grandes de Europa se hagan con sus objetos de deseo (algo que ya ocurriera con Thiago Silva, David Luiz y Mangala). Más cuando el proyecto deportivo de la mano de Luis Enrique Martínez se ha demostrado, cuanto menos, como irregular.
La línea de ataque ha sabido sacar adelante el equipo por la calidad de las individualidades, el centro del campo ha progresado por rachas, la portería no es la de Víctor Valdés pero despierta la confianza suficiente, mas la defensa es el principal agujero del equipo. Un Piqué venido a menos, un Bartra aún no reivindicado del todo, un Mathieu limitado y recién llegado y un Mascherano demasiado mayor, demasiado ajeno y demasiado poco central en sus inicios como para ocupar el puesto de líder de la defensa que, sin duda, merece sobre los demás.
En cualquier caso, la sanción confirma lo ya asumido: el Barça progresará con las caras conocidas, dependerá del entrenador saber combinar los factores adecuados para hacer de sus pupilos un éxito o un fracaso. Pero claro, con Messi, Neymar, Rakitic y Busquets, ¿será el fracaso de ellos o el suyo?
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