Por Raúl S. Saura
El Barcelona se ha retirado con tres puntos del estadio del Almería esta jornada. A priori puede parecer una buena noticia, que los blaugranas han recuperado la senda de la victoria en Liga, que regresan las buenas sensaciones. A priori no significa haber visto el partido.
Se viene criticando al entrenador Luis Enrique Martínez su incapacidad para recuperar el control del partido, para saber manejar el balón, para convencer en el juego. Para conseguir el dominio de los encuentros. Y esas críticas tienen toda la razón. Desde la derrota en el Bernabéu este equipo no hace sino aumentar la sensación de pasividad e ingobernabilidad sobre el césped. Partido a partido los jugadores parecen regresar a los peores tiempos del Tata Martino y el técnico no parece estar capacitado para revertir con la situación que ha estado a punto de conducir al desastre en los Juegos del Mediterráneo. Porque el Almería, por juego, ha merecido ganar hoy a los hasta hace poco todopoderosos blaugranas.
Lucho quiso salir con un once novedoso después de muchas dudas y derrotas. Sentó a Neymar y Luis Suárez, arriesgándose a meterse en problemas y que las dudas se multiplicaran. Y lo hicieron. El entrenador almeriense Francisco supo preparar el encuentro y los locales demostraron una gran concentración, organización defensiva y peligro en las contras. Ante esto el Barcelona no supo hacer otra cosa que venirse abajo y recordar los peores tiempos del año pasado. La defensa hizo aguas, Bartra estuvo lentísimo y de no ser por Mascherano (inconmensurable una vez más), habrían caído no pocos goles.
El centro del campo, antaño el origen de los éxitos, pasó por el encuentro discreto como poco. Rakitic, Rafinha y Busquets ofrecieron su peor versión, ellos, los más jóvenes. Los llamados a marcar una nueva era. Su papel fue lamentable, faltos de intensidad, pasivos. Como jugando al piloto automático y si me despisto poco importa. Así estuvo el Barça hasta el 72', contra las cuerdas. Inactivo. A verlas venir. Arrastrándose sobre el campo.
La lógica se impuso finalmente, Luis Enrique sacó en el descanso a Neymar y Suárez por unos invisibles Pedro y Munir y dio la vuelta a la tortilla. Como para no hacerlo. El uruguayo realizó su mejor partido con la camiseta azulgrana y dio dos asistencias para la reconquista: al carioca (que lleva ya 10 goles en Liga, el mejor de esta temporada) y a un acertado Jordi Alba al subir. Solo por eso, por el buen día del caníbal, no ha "naufragado" en el resultado. Porque si han ganado los del iron man ha sido por las estrellas. Por la calidad de unos pocos, de la delantera en concreto.
Así, Suárez (el mejor del equipo sin duda) y Neymar estuvieron fabulosos. Messi, cuando quiso, buscó el gol pero los palos volvieron a interponerse. Parece que tener cerca alcanzar a Zarra le incomoda, mejor que se vaya quitando el complejo porque el equipo necesita de sus goles para salir adelante y no llegan. Por lo demás, este equipo está muerto de cintura para abajo.
El Almería mereció ganar porque leyó mejor el partido pero la gasolina no llegó para los últimos 20 minutos. Gasolina que los cambios en el descanso, los que deberían haber jugado de entrada y no hacer de chamán en las alineaciones, sí tenían. El Almería tiene a día de hoy mejor entrenador que el Barcelona.
Hoy Luis Enrique se ha librado del escarnio público por un uruguayo y un brasileño, pero no por sus propios méritos. Este equipo avanza cada vez con mayor decisión hacia el precipicio, cada vez antes. Ya ni ganando convence, ya ni cuando gana ha sido por tener el control del partido y ser mejor equipo. Ahora lo cede todo a la suerte y a que algunos tengan un buen día, días que cada vez escasean más. De continuar así las cosas debería dimitir, de tener algo de vergüenza debería haberlo hecho ya. Vergonzoso ha sido el vapuleo táctico que ha recibido hoy por un entrenador que lleva solo dos temporadas en primera y que fue el mejor del Almería.
Que la victoria no nos ciegue, Luis Enrique hasta ahora ha demostrado ser peor que el Tata Martino. En menos tiempo ha ofrecido la misma imagen pésima que el argentino y no parece capaz de revertir las circunstancias. Le falta presión a la pérdida de balón, velocidad en la circulación de balón (el Barça volvió a estar estático, horizontal, a esperar el balón al pie y nada más), saber apostar por los suplentes cuando la situación lo permita. Le falta motivar a sus jugadores para que reaccionen. Le falta organizar la defensa y un buen par de defensas. Le falta saber leer los partidos. Le falta desarrollar las estrategias. Le falta inteligencia.
No parece un líder para un conjunto como el Barcelona, no parece capacitado para ello. No da muestras de estarlo, en cualquier caso. Que la victoria no nos ciegue, de tener algo de dignidad y querer a su club ya habría dimitido. El técnico en pocos años ha pasado de ser la vanguardia de la plantilla a ser el mayor de los lastres y este es, a día de hoy, el peor de los últimos cuatro años (con cuatro técnicos distintos). El Barcelona merece un entrenador inteligente, atrevido. Innovador, exitoso. Ilusionante. Y el crédito se le ha gastado al iron man en dos meses. No en balde hicimos aquí un casting para entrenar a los blaugranas. Lo necesitan y el encuentro de hoy lo marca todavía más. Bien podría Luis Enrique largarse y dedicarse a correr en el desierto como le gusta. Pero que no nos arrastre con él.
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