domingo, 30 de noviembre de 2014

Busquets rescata tres valiosos puntos de Mestalla

Por Raúl S. Saura

Mascherano, junto al delantero del Valencia Negredo

En una jornada marcada por el triste acontecimiento de la mañana entre aficionados del Atlético de Madrid y Deportivo de A Coruña, el FC Barcelona visitaba el imbatible feudo che, Mestalla, para continuar su reanudada racha de victorias y no perder de vista a los rivales madrileños en la pugna por la Liga. Enfrente, eso sí, un rival muy distinto al de las últimas temporadas. Nuno ha sabido transmitir a los valencianos confianza en sí mismos, amistad entre la plantilla y resultados esperanzadores (también ayuda el dinero de Lim). El portugués ha sabido quitarles el miedo, aun cuando no conocen la victoria las últimas semanas. 

El partido prometía, por tanto, emociones fuertes, intensidad y estética para el espectador. Nuno prometió en rueda de prensa que "habría muchos goles". Sin embargo, más que un choque de talento, el partido de la jornada asemejó más uno de trenes. Los heridos se acumularon sobre el verde césped con la unanimidad del dolor, más que tantos en el marcador presenciamos caídas y retorcimientos en el suelo. Intensidad hubo, presión, dos equipos valientes y dinámicos decididos a sobrepasar al otro basándose en su fútbol. No podían permitirse otra cosa, el Valencia debía ganar para aprovechar los pinchazos de Sevilla y Villarreal, en la cabeza de los hombres de Luis Enrique no cabía otra cosa que sumar de 3 en 3 para espantar los fantasmas pretéritos y mantenerse en posición digna de cara a luchar por una Liga de emociones fuertes. 

Y aún así, el asturiano no temió en experimentar ante un encuentro de tamaña envergadura, colocando a Mascherano junto con Busquets. "Nunca he jugado con doble pivote, no me gusta", dijo en su día el iron man en rueda de prensa. Parecía que nos sorprendería a todos retractándose, algo a lo que no es nada dado, pero no fue así y el experimento consistió en descolocar al de Badia. Esta traba influyó en el juego culé, no tan fluido en el centro del campo, sin haberse sabido limitar las acciones a realizar por uno y por otro, mientras la defensa acumulaba tarjetas. Y es que la primera parte ejerció de eficaz muestra de dominio por rachas, oportunidades para ambos lados y de sanciones otro tanto. Ocasiones de sobra conocieron ambos combinados, sin mayor éxito y los primeros 45 minutos supieron a poco sin la salsa del gol.

Jordi Alba parece recibir falta de Negredo 

La segunda parte se inició sin cambios y todo asemejaba a que no variaría mucho el esquema. Bien pensado no lo hizo, sencillamente enloqueció. Los blaugranas tuvieron de nuevo enfrente a un equipo valiente, con las ideas claras y que no se amilana por más que el rival tenga más nombres, más historia o más estrellas. La mentalidad Nuno ha surtido sus efectos. El examen para Luis Enrique lo era así por partida doble: por la imagen de su equipo y la suya. Sus caídas tan sonadas en lo que llevamos de temporada han sido siempre frente a equipos con carácter e identidad como PSG, Real Madrid o Celta de Vigo, sin exceptuar el empate a cero ante el nuevo Málaga de Javi Gracia. Ante sí tenía la oportunidad de demostrar que el toro no se amilanaba cuando en el campo luchaba contra un equipo con un par de cojones también, y quiso reaccionar como el luso.

Entró Pedro por un esforzado Luis Suárez (a quien se le descontó un gol en fuera de juego que se demostró legal) y Rakitic y Rafinha por Mathieu y Xavi para recomponer de cintura para abajo. Mientras el excapitán che abandonaba el terreno de juego con más pitos que aplausos, Mascherano descendía al eje de la zaga con Piqué, Sergio asumía los mandos de la nave y el Barcelona se volcaba por unos puntos que significaban mucho más que para los valencianistas. Y no es que los de la capital del Turia entregaran el partido entre sollozos, lo pelearon en todo instante, con inteligencia, con llegada, sin errores ni pérdida de concentración (padre de estos y el mayor de todos). Pero los culés no deseaban quedar a cuatro puntos de los líderes blancos y apretaron más en el tramo final. Y subieron y presionaron, devolviendo el golpetazo de moral de los locales al principio de la segunda parte.

Sus intentos, por muy frecuentes, se demostraron estériles y sin resolución. El Valencia se conformaba con el empate y por un momento quizás también los culés en un feudo inexpugnable. Pero no fue así, ganar o ganar, y la filosofía luchista cundió. Los partidos no se pierden si no has dado el alma en la cancha, los partidos no se pierden cuando las victorias postreras te han reanimado... Bravo no había sistemáticamente rescatado al equipo con sus paradas milagrosas como para no reflejarlo en el marcador, la afición culé no se había vuelto a ilusionar con el proyecto como para decepcionarla tan pronto. Había que ganar, aunque fuera en el último minuto, en los últimos segundos... y en los últimos segundos fue.

El Barça exprimió todas sus opciones, todos sus córners, hasta al final llevarse los tres puntos a casa ante un  desdibujado (nunca pasivo) Valencia que luchó como nunca y perdió, como viene siendo costumbre ante los barceloneses, como siempre. Un incontestable balonazo de Sergio Busquets, que encontró la pelota muerta en el área tras saque de Messi y testarazo de Neymar, sirvió no solo para destrozar los sueños ches sino también para indicar a su entrenador cuándo los experimentos funcionan y cuándo no. Sergio se reivindicó a sí mismo y su posición una vez recuperada, algo a anotar para Luis Enrique de aquí en adelante.

Rescató tres puntos valiosísimos de Mestalla no una estrella, no un crack, sino un trabajador que con su talento y su labor ha maravillado a todos los entrenadores por los que ha pasado. No presenciamos un nuevo hat trick de Leo, no una nueva goleada, sino una sufrida victoria ante un rival durísimo que sirvió para no perder comba en la competición. El Barça superó con nota su semana de los retos ante Sevilla, Apoel y los hombres de Nuno, que sirva para algo.

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