domingo, 21 de septiembre de 2014

Ballet a ritmo de tango

Por Raúl S. Saura

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Desde hace varios años, el FC Barcelona ha bailado a ritmo argentino. Como el tango, la pasión, la pulsión, el sentimiento se pulsaba en todo momento a través del juego eléctrico, omnisciente, omnipotente y omnipresente de Leo Messi. Todos quedaban a su disposición, subordinados al genio mayor de quien se conoció como D10S; incluso los bailarines (Xavi, Iniesta, Thiago, Cesc...) procedían a rodearlo y protegerlo, mimarlo y propulsarlo cuales fieles mosqueteros.  El ballet guardiolista entregado a la rabia del tango.
Pero nada dura para siempre, como algunos se empeñan en incluir en toda conversación, en todo recuerdo, y la Pulga cósmica cayó en desgracia. Ido el filósofo innovador, su gran protector en realidad, el argentino comenzó a frenar una maquinaria temible. Las lesiones, los problemas personales, la falta de confianza... le minaron por dos largos años, casi parecía que irremediablemente, mientras el tiempo pasaba y se señalaba con saña su edad. Su lesión muscular con Tito, su intermitencia con el Tata, su derrota mundialista este verano no hicieron sino reforzar esta teoría, azorando el frágil corazón de la afición azulgrana que temía por su máximo líder. 
La llegada de Luis Enrique se convertía entonces en promesa de un nuevo comienzo para el astro, de una vuelta a lo anterior, a la gloria y al éxito a través de su olfato goleador. Cuatro partidos desde entonces, los cuatro ganados, los cuatro con la portería a cero. Un gol y varias asistencias del argentino calmaron a muchos pero señalaron una nueva tendencia, si acaso la definitiva. 
El tango ha regresado a los barcelonistas, la agresividad y la ambición por conquistarlo todo, merced al técnico asturiano que ha infundido estas esperanzas en sus (re)ilusionados pupilos. Y Messi ha bebido el primero de sus palabras y las ha aceptado como su credo, igual que le ocurriera con el añorado Guardiola. Leo ha vuelto, nadie guarda asomo de duda ya, pero no como lo conocíamos antes. Ya no ejerce de killer fulminante, de rabioso héroe mitológico capaz de destrozar a quien se le ponga por delante. Ahora ha decidido por atrasar la posición, recibir el balón, acapararlo y cederlo gentilmente a los jugadores por delante de él. A Neymar en la esperada conexión. A los jóvenes Munir y Sandro, a quienes parece haber adoptado como un león a sus cachorros, como quienes habrán de seguir sus pasos y les adiestra para ello. Estos lo agradecen, el referentes les entrega ocasiones cantadas con amabilidad y buenas maneras, les indica la mejor opción y protege de amenazas. Algunos ya le conocen como Messi el Generoso, y no es para menos cuando, desde su paternidad, parece haber desarrollado un pensamiento adelante, proyectado hacia el futuro, donde su musculatura ya no sea la misma pero su mente se haya afilado por el uso. Ese es el camino que parece haberse proyectado, quizás a medias con Luis Enrique, quizás solo, pero sobre el campo cualquiera logra apreciar que el bailador de tango desciende entre los de ballet y se une en su danza
Sus irreductibles escuderos, a quienes se ha añadido el asentado Iván Rakitic como uno más, le acogen de buen grado y se infunden de su energía y se entienden a las mil maravillas. Todos son conscientes de la mejora del juego con él cerca, especialmente en el sacrosanto centro del campo blaugrana, desde el que distribuye a los delanteros y sino marca él. No en vano ha alcanzado los 399 goles en Liga, da igual si acierta con algún penalti suelto o no. Ahora importan los demás.
Cuando un equipo pequeño y rodeado de dudas debe afrentar esta alegre realidad rival el miedo surge fácilmente. Cuando tu solidez defensiva, tan afamada y sufrida año tras año, se desvanece tras la inexplicable expulsión de Vintra en el minuto 40, poco más puedes hacer. Sucumbes a esta tempestad, este tornado bailado cual ballet a ritmo de tango. 
El Levante hizo cuanto pudo durante los primeros minutos, en los que el Barcelona jugó más enchufado que en el anodino encuentro europeo ante el APOEL esta semana, en los que Piqué no jugó. Tanto él como Bartra parecen no conquistar a Lucho en los entrenamientos como sí logran Mathieu y Mascheano en vista a las alineaciones. Bravo aparenta ser el portero para la Liga y Rakitic estar integrado, como si hubiera jugado con el equipo durante años. La única sorpresa no fue sino Neymar, curiosamente el carioca partía de titular en el torneo doméstico por primera vez esta jornada, superado tres veces seguidas por el jovencísimo Munir. Y esta situación promete seguir dando de qué hablar para la próxima semana. Aunque el brasileño inaugurara el marcador de la posterior destrucción de los locales en el Ciutat de Vàlencia en el 34', aunque se tratara de una gran jugada acrobática dentro del área a pase (cómo no) de Leo Messi y quebrara al portero Jesús Fernández para atinar a puerta vacía, lo mejor llegó sin él.
Aún dio tiempo a observar el principio del desmoronamiento granota (azulgrana en el estadio, los barcelonistas jugaban con algo dado en llamar "carmesí eléctrico") con la expulsión del susodicho Vintra y el tanto  en el 44' con un gran zapatazo desde la frontal de Rakitic. Probablemente el rubio croata esté llamado a convertirse en el nuevo Xavi y su estela brille tanto como su pajizo cabello. Llegó el descanso, la mejor noticia para un Levante sin ideas ni organización, anárquico y vulnerable.
Así lo supo Luis Enrique y actuó en consecuencia. El abrir la lata no salvó a Neymar y el DT demostró una vez más no casarse con nadie cuando lo sustituyó por Sandro pese a su visible cabreo, quien no le fallara en el Madrigal. El joven canario le devolvió la confianza enseguida, los granotas encajarían el tercero por su culpa en el 57' con asistencia, cómo no, de Leo Messi. 
La noche de goleada flotaba en el aire y el camino quedaba ya marcado, el argentino y Rakitic lo habían resuelto hacía mucho. Sin oposición alguna, con la entrega de los suyos, procedieron a bailar el ballet pasional mientras la defensa, de nuevo, se convertía en mera espectadora del show. Pedro quiso sumarse a su compañero isleño y en el 64' elevó el cuarto al luminoso tras una peligrosa internada de Jordi Alba, y todavía faltaba la guinda al pastel. El gol tan merecido como ausente de Lionel Andrés Messi, quien después de repartirlos, le tocaba cantarlos y fue el justo encargado de meter el justo quinto tanto de la noche mientras se vaciaba el estadio. Aprovechó un error garrafal del meta Jesús, quien le regaló el esférico en la frontal del área para ejecutar una vaselina sublime.
La tragedia se consumaba para los locales, asistentes a su personal y colosal naufragio, a su descenso a la más bajo de la tabla con solo el punto mientras los rivales se asentaban en el primer puesto con 12 posibles de 12, a cuatro del Atleti y seis del Real Madrid. Henchidos de júbilo y alegría, mejoradores de lo visto en Champions, consagrados a la relectura luchiana de la partitura culé. El nuevo baile, el ballet a ritmo de tango.
No preocupan los problemas puntuales, como la probable lesión del esforzado Jordi Alba en el tramo final del encuentro, visitar la posición en la tabla sólo reporta alegría, ya se paladean las primeras notas musicales de lo que prometer tornar en sinfonía atronadora.

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