En esta serie iniciada al terminar la temporada de fútbol he querido repasar cómo estuvo el Barcelona en varios aspectos, a mi entender, los de mayor interés para los aficionados y para mí. Así, hablé ya sobre el Tata Martino, Neymar, Messi y la plantilla en general; ahora toca tratar la directiva, la institución, el Can Barça... los despachos y no los estadios. Un asunto sobre el que podríamos hablar largo y tendido, que ha ofrecido la peor cara del club este año, que ha acarreado las más agrias polémicas, todo por una directiva avara, egoísta y hasta cierto punto cobarde. Algo propio de este equipo tan cainita, donde las luchas intestinas por la presidencia no han dejado de sucederse durante décadas, no tenemos que remontarnos muy lejos para recordar el cisma entre nuñistas y gasparistas, entre laportistas y rosellistas. Y a este último corresponde lo que digo. Rosell ha sido uno de los grandes nombres del año con su dimisión y no debe quedarse fuera de ningún repaso con pretensiones de ser completo.
En su miedo a atraer la cólera de Messi cual dios griego o semita (acarrear su marcha del club seguramente le impediría volver a ganar unas elecciones en el Barça ni para fregasuelos) maniobró mucho tras el contrato oficial para incorporar a Neymar, la gran promesa tras un verano nefasto en el que se perdió a Abidal, Villa y Thiago Alcántara. Los 57 millones de euros cacareados nunca fueron creídos por parte de la prensa más avispada. En RNE ya se apuntó desde un primer momento que, en vista a los diferentes acuerdos con el padre del crack brasileño, la contratación alcanzaba casi los 100 millones de euros. Algo que, al final, se ha demostrado verdadero sin saber todavía la cantidad exacta con seguridad.
A finales de 2013 y principios del 14 comenzaron los primeros escándalos destapando toda la serie de acuerdos ilegales con el jugador y su padre: la labor de buscador de talentos, ciertas juergas con prostitutas en Londres como se supo más adelante... en total, Neymar Padre costó al club casi 40 millones de convencer para que el vástago partiera a Cataluña, a quien además se pagó tanto como al todopoderoso Lionel Messi, quien finalmente sí desató su cólera y exigió una renovación del contrato para volver a ser el que más cobrara. Todo por lo ilegal, para más inri, y que así nunca se conociera cuánto recibía el brasileño al año, al mes, a la semana... Saltarse la ley para no enfadar al 10... Manda huevos, como quien dice.
Ante aquella sarta de apaños a medio terminar, mentiras y desvergüenzas, Rosell se vio obligado a dimitir y Bartomeu, uno de los vicepresidentes, ascendió. En su primera rueda de prensa dio una buena impresión, partidario de recuperar las relaciones con Cruyff, de colaborar con la justicia y más adelante de "renovar profundamente al equipo"... pero poco más. Ha insistido de que el caso ayudará a la buena imagen del club, a limpiar nombres, cuando realmente no ha colaborado gran cosa y muchos apuntan a que sea finalmente imputado en el caso cual infanta. De ser así, debería dimitir si quiere que, efectivamente, el nombre del FC Barcelona no se manche. Una gran institución (no sólo un club de fútbol, también algo más importante como un gobierno) no puede permitirse tener a un miembro, especialmente de gran importancia, imputado o que se dude siquiera de su honorabilidad. Porque cuando se promueve la desconfianza del socio o del ciudadano hacia quienes deben servirle y ampararle, se camina en dirección al acantilado; la mujer del César no sólo debe ser honesta sino parecerlo. De no entender esto, cesará llegado el momento como mujer del César. Aunque eso es otro tema.
En definitiva, esta temporada 2013-2014 ha dejado una institución debilitada y cuestionada, en la que todo puede desvanecerse en cualquier momento como un castillo de naipes. Zubizarreta, mientras tanto, continúa en su mundo particular; este verano ha sido movidito a nivel de fichajes, pero han sido tan rápida y certeramente realizados que muchos apuntan a Puyol y Luis Enrique como artífices del aparente éxito. Quien sabe, lo mismo hay acuerdos en dinero negro de los que aún no sepamos. No debemos dudar de nada.
Y así le fue al Barça este año a nivel de institucional. Así de inestable.
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