Continuando nuestro repaso de la temporada saliente del FC Barcelona, toca hablar de Leo Messi. Tras repasar el año de Gerardo Martino y Neymar, el argentino se convierte en nuestro punto de mira en el día de hoy. Mucho se ha hablado sobre el astro, sobre sus lesiones y su falta de motivación desde que cayera lesionado ante el PSG en la edición de Champions del año pasado.
Nadie puede negar que esta temporada ha sido la peor de Lionel en mucho tiempo, desde su entronización en el deporte rey de la mano de Guardiola. Con la marcha de este y la enfermedad de Tito, la llegada al equipo de un técnico de su misma ciudad no ha parecido sacar de él su temible talento como lo lograran los dos entrenadores catalanes. Ya decía el Tata que quizás no se atreviera a dirigirle la palabra a Messi, tal era su admiración. No es culpa del DT la temporada gris del 10, pero, como han venido señalando diversos medios, el paso de contar en la plantilla culé con entrenadores a los que se admiraba a tener un entrenador que admiraba a la plantilla no ha hecho bien al equipo. Han dado muestras de renquear, relajarse, dar por hecha la victoria antes de salir al terreno de juego o, incluso, de no importarles cómo acabara. Fallo de Martino el no conseguir motivar a sus jugadores. Fallo de los jugadores el no estar motivados de por sí, y en esta circunstancia Messi, personificación del Barcelona, no ha dado el paso adelante requerido para la estrella del club y, a partir de ahora, tercer capitán. Si le tocará pagar con ello en la nueva era que se inicia en Can Barça ahora, queda por verlo. Lo más probable, que sí. Luis Enrique sentó en el banquillo romanista a Totti nada más llegar. Una regla de tres permite despejar que castigará a quien considere que no se esfuerza lo suficiente defendiendo los colores del club.
Ciertamente, la temporada del argentino no comenzó con buen pie. Polémicas con la directiva sobre una renovación del contrato (finalmente se salió con la suya) y la sombra de sospecha entre la afición de que no había sanado plenamente de sus dolores musculares de finales de la temporada anterior marcaron el inicio del nuevo curso. Durante los primeros partidos de Liga su ritmo goleador bajó notablemente, por más que siguiera siendo altísimo. Inmerso en una gran irregularidad, con el Tata mandándole al banquillo en sus estériles intentos de marcar territorio y la grada inquieta cuando llevaba 4 encuentros consecutivos sin llevar los dedos al cielo, a nadie sorprendió la noticia de que habría de permanecer fuera de los terrenos de juego por dos meses debido a una recaída muscular, constante para él durante más de un año. Con la grada preocupada y el equipo aún más, la ausencia de Leo no pudo resultar mejor. Noviembre y diciembre de 2013 fueron la mejor etapa del equipo esta temporada, si bien con pinchazos ante Ajax y Athletic de Bilbao, las aportaciones goleadores de Alexis, Cesc, Pedro y Neymar hicieron olvidar al argentino y deleitar a los futboleros con un juego participativo y ofensivo. La promesa de su regreso, sin embargo, no podía alegrar más, aunque viniera acompañada de la pérdida durante 30 días de Neymar.
2014 comenzó accidentado para el Barcelona, con derrotas ligueras ante Valencia, Real Sociedad y Valladolid que alejaron las opciones blaugranas a revalidar el título doméstico. Llegado el momento, la figura goleadora de Messi resurgió con grandes actuaciones ante Sevilla, Manchester City, Osasuna y, finalmente, Real Madrid en un encuentro para la historia de los Clásicos por su belleza en el Bernabéu. Todo se veía fácil con el argentino del lado del equipo. Pero, a partir de entonces, los once y sus suplentes se vinieron abajo anímicamente (que no físicamente, demostraron de vez en cuando ser capaces de un portentoso sprint) y nadie hizo nada para cambiarlo. De ahí llegaron las derrotas en Copa frente a los blancos, en Champions contra el Atlético de Madrid y en Liga de nuevo frente a los rojiblancos. Un final de temporada tan decepcionante como la última etapa de Rijkaard. Una vergüenza tal que sólo podría saldarse con la marcha del Tata Martino, de varios jugadores de la plantilla e, incluso, de una directiva poco justificada por su escasa legitimidad (Bartomeu) y repetidos fracasos año tras año (Zubizarreta). Una revolución en toda regla, como viene anunciándose desde la masacre frente al Bayern de Múnich y de la que Messi quizás no salga del todo airoso. Se avecinan tiempos de esfuerzo físico, de hombres duros con entrenamientos triples, de mantener Luis Enrique su costumbre con el Celta de Vigo. Tiempos de incomodar a la estrella para que siga demostrando que es la estrella. Tiempos de meritocracia, y mucho trecho le queda al argentino para mantener su nivel desplegado estos últimos años.
Muchas críticas ha recibido, culpándole de que miraba más por los intereses de su selección de cara al Mundial que le obsesiona que por los de su equipo, que le cubre de mimos y le acuna en los laureles. Quizás todo quede en un mal sueño y demuestre en Brasil su juego de antaño; pocos escenarios pueden motivarle más. No en vano la albiceleste es, junto con los anfitriones y España, el favorito a ganar este verano. Sus vómitos e incomodidades permanecen ahí, indicando que la vida en la cumbre no siempre es cómoda y comienza a acusar el estrés de tanto tiempo de gran autoexigencia. Puede que la llegada de un motivador como Luis Enrique al club sea remedio para muchas enfermedades, puede que su nuevo reto como capitán de su país le recupere. Queda por verlo todo esto, quedamos en Respiras Fútbol para contarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario