
Finalmente escribo la segunda parte del artículo sobre la final de Copa. Lo sé, ya era hora pero tenerlo escrito de hace dos meses de poco servía y mucho ha llovido desde entonces.
El Madrid, irregular, ha decaído después de su buen comienzo de año y Carletto continúa sin imponerse sobre un equipo a quien parece motivar como Mourinho y saber frenar mucho menos. Ahora, sin Ronaldo seguramente y quizás Ramos, preparan su enfrentamiento en semifinales de Champions League contra todo un Bayern que sigue dando miedo pese a la derrota de este fin de semana frente al BVB (0-3). No les envidio, por eso creo que resulta incluso beneficioso no haber llegado tan lejos en la competicióin continental. Estas bajas de peso pueden determinar el destino de la Copa esa misma noche, ya sabemos que sin el luso este equipo sufre de más. Al Borussia mismo me remito. Frente a él y sin su referente los blancos jugaron (si acaso lo hicieron) dubitativos, temerosos de caer en el error y sin saber hilar tres pases seguidos. Con esa actitud cualquiera puede ganarles.
El problema viene de que enfrente tienen a un Barcelona al que últimamente le va hasta peor. Tras despedirse de la Champions y prácticamente la Liga en la misma media semana, los culés se descubren más vulnerables que nunca y el asiento del Tata se tambalea todavía más, con la directiva sudando un sudor frío y pegajoso. Pese a no contar con Valdés (de todas formas, ya sabemos, no hubiera jugado), ni Piqué ni Bartra, la única opción para la zaga consiste en rescatar al capitán Puyol. Él y el wakawaka, me atrevo a decir, porque si se lesiona ya da igual, es lo único que nos queda y deben luchar por ello con uñas y dientes. Gerardo, ahora sí que sí, es hora de ser valiente, de experimentar, de poner a Pedro junto con Messi y Neymar por un Fàbregas derrengado después de jugar toda la temporada. Y conseguir dinamitar una defensa maltrecha ahora mismo, donde el gran rival sigue siendo Casillas, ese santo.
Pero una parte de mí desea que el Barcelona pierda la final. De forma humillante, como no han hecho en años frente a los merengues. Así, sin ningún trofeo a final de temporada (porque nadie se acuerda ya de la Supercopa), las cosas no podrían continuar como van. Cambios en la plantilla, el área técnica, los planteamientos e incluso más arriba se verían como irremediables y ver caer a los Song, Zubi y compañía promete espectáculo este verano. Los jugadores han perdido la motivación y el entrenador parece no ser capaz de sacar lo mejor de ellos, ni Zubizarreta de incorporar a nuevos futbolistas con la ilusión de triunfar donde todo se ha logrado. Que perdure en el puesto es un insulto a todos aquellos que nos preocupamos por el club. Hace falta alguien que no le tiemble el pulso para volver a hacer correr a los Leo y compañía, que sacrifique a un Alves, un Alexis para despabilar al resto. Que comience a sentar a quien no merece jugar. Últimamente vuelve a hablarse con fuerza de Klopp, a quien ya traté aquí y tiene mi bendición por completo, aunque quizás suponga un entrenador demasiado rupturista y alguien como Valverde para completar la transición requerida después de esta gloriosa etapa sea alguien más apropiado y cauto, que no cobarde. Pero hasta entonces tenemos a Gerardo Martino, sus años de experiencia y escaso margen de maniobra.
En definitiva, para la final el Madrid no es favorito y el Barça aún menos. Qué año más raro, que hemos concedido ambos sin presentar batalla (sólo tú, Iniesta) el título de mejor equipo nacional al Atlético de Madrid, contra el que ambos ya hemos perdido. Pero esta final es entre segundones y cualquier cosa puede pasar.
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