
En vistas de que el primer título de final de temporada se juega en menos de una semana, en una enésima reedición del Clásico, recojo de nuestro archivo el primer artículo a propósito del encontronazo. Primero porque para el lunes o martes habrá un Sobre la final de Copa II acompañando la crónica de la victoria blaugrana en tierras granaínas, o eso espero, porque la salida se me antoja mucho más compleja de lo considerado generalmente. Algunos recuerdos pesan mucho.
En fin, la eliminación en Champions, la ausencia de Ronaldo para el partido, mi seguimiento del Bayern en Europa a partir de semifinales y demás temas no los podré tratar hasta entonces, paciencia pido de momento pero nunca viene mal mirar en el lado bueno de la vida. Señoras y señores, con todos ustedes, la final de Copa...
Termina ya la Copa del Rey, la que parece no comenzó hace mucho y la diosa fútbol (¿o dios? Eso sí que sería un debate) ha tenido en dicha regalarnos para su colofón el Clásico. La mar de original, ¿a que sí?
Pero todavía quedan exactamente dos meses para disfrutarla y hacer ahora un análisis sobre el favorito y el menos favorito (venga ya, son dos equipazos) sería una tontería como un piano. De ahí el I, cuando se acerque la fecha escribiré un II antes del choque de reyes que se avecina. Siempre escribiendo desde el punto de vista del Barcelona (de los blancos informará nuestro compañero Chus en su momento, como no podría ser de otra manera), he de decir que su camino hacia la final no ha lucido tanto como el de sus rivales, sin goles en contra y masacrando a un Atlético con más anemia que Neymar a principios de temporada. Pero ya que mencionamos a una de las varitas mágicas, debemos recordar a los Iniesta, Messi, Cesc, el mismo Neymar… en un partido bueno son capaces de arrasar con cualquier equipo, eso lo sabemos todos.
Entre esto y que Busquets, Piqué y Mascherano (estos dos seguramente el eje de la zaga para la cita no se sabe si en Mestalla o en el mismo Camp Nou, aunque lo dudo, estarán reformando los servicios fijo) tengan un buen día, con seguridad e inteligente colocación como esta semana ante el City la copa puede volar perfectamente a tierras catalanas. Eso sí, habrá que ganarla y no será nada fácil.
Habrán de estar atentos a las contras a la velocidad de la luz de CR7 y Bale (me imagino unas carreras las más de divertidas entre este dúo, Alba y Alves), a la magia de un Modric últimamente en estado de gracia, a confiar en que Casillas no tenga su noche, aunque difícilmente será el caso…
Dicho esto la final parece igualada y más o menos lo está pero aquí he de señalar un elemento diferenciador: las porterías, todos lo sabemos. Veamos, Pinto se ha ganado jugar en Copa, es mucho mejor de lo que se considera generalmente y la prueba consiste en que siempre responde y con él en seis años hemos conseguido dos Copas y dos finales, de momento. El de Puerto de Santa María estará entonces con todo el mérito del mundo por más que no sea (innegable) Valdés, el marchante. Cuenta con los mismos Zamora que Iker, sí, nos reímos mucho con eso pero si vemos las Eurocopas y Mundiales en el haber de uno y otro comenzaremos a otear lo que digo. Quien sabe, quizás sea el partido de su vida. No podemos decir nada hasta entonces, pero en mi opinión el Madrid parte con una ligera ventaja para el enfrentamiento, ojalá, vibrante y bonito, que nos enamore a todos como no hacen los Barça-Madrid desde hace mucho.
Eso sí, como siempre que gane el mejor.
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